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Un cuento de Navidad en Casa Presidencial

Hace más de 170 diciembres, en Gran Bretaña se publicaba la primera edición del exitoso cuento de Charles Dickens, "Un cuento de Navidad". En la obra, el anciano Ebenezer Scrooge recibe visitas desde el más allá, que lo llevan a un paseo de auto-reflexión gracias a la ayuda de tres fantasmas: el de las navidades pasadas, la presente y las futuras. Es así como Scrooge cae en cuenta del mal que ha causado a pesar de las buenas intenciones de su juventud y decide enderezar el rumbo.

A todos nos caería bien la auto-reflexión, pero ¿qué le dirían los fantasmas de la Navidad al presidente Funes, mientras se prepara para gozar la última temporada navideña en la residencia presidencial? El fantasma de las navidades pasadas entraría callado, con un libro bajo el brazo y un televisor viejo. En el televisor viejo probablemente le mostraría al presidente las imágenes de un joven periodista mordaz, crítico de las estructuras de poder, desentrañando la dolorosa realidad salvadoreña, esa que incluye pobreza y heridas del conflicto armado, ¡todo un contraste con la manera en la que usa los micrófonos en la actualidad!

Después, el fantasma silencioso se sentaría a su lado para repasar juntos el libro que lleva bajo el brazo, casi nuevo, quizás por falta de uso, titulado "Plan Quinquenal 2010-2014". Pasaría lentamente las páginas, especialmente aquellas que prometían un gobierno que reduciría significativamente la pobreza, la desigualdad económica y de género y la exclusión social, la generación masiva de empleos, la creación de las bases de un modelo de crecimiento y desarrollo integral, la promoción de la integración centroamericana, el fortalecimiento del Estado de Derecho. Sin decir más y haciendo oídos sordos a las excusas sobre el estado en el que recibió el país y sobre los gobiernos anteriores, el fantasma de las navidades pasadas se marcharía, para ceder paso al siguiente visitante.

El fantasma de las navidades presentes, tampoco necesitaría ser platicón y bochinchero, también en silencio le presentaría al presidente Funes un cartel lleno de indicadores de todo tipo: el pobre crecimiento de 1.7% que obtendrá el país en 2013, la caída en 3 posiciones en el índice "Doing Business" del Banco Mundial, del puesto 41 al 53 en el índice de Libertad Económica, la patética calificación de 38/100 en el Índice de Percepción de la Corrupción, el crecimiento de la deuda del 40% al 56% con relación al PIB, el aumento de hogares que viven en pobreza al 40%. Sin decir más, se iría, pues aun al presidente le faltaría un visitante.

El fantasma de las navidades futuras sí hablaría. Le contaría a Funes sobre la triste situación de una Centro América fraccionada y reacia a la integración, quizás por las amenazas armamentistas de compra de aviones de algunas fuerzas aéreas. Le diría que el electorado salvadoreño se ha convertido en una masa desesperanzada que ahora ve con escepticismo cualquier slogan que promete cambios. Le mostraría una petición futura de rendición de cuentas por parte de la ciudadanía harta de la corrupción, cuestionándolo sobre el inexplicable cambio en su nivel de vida comparado con el que tenía cuando por primera vez asumió la presidencia. Luego el presidente Funes se despertaría de su pesadilla, agradecido de que los fantasmas de Dickens no sean más que un cuento de Navidad.

*Lic. en Derecho.

Columnista de El Diario de Hoy.

@crislopezg