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Cuba: persistencia y resistencia

Desde el 17 de diciembre la noticia bomba del restablecimiento de relaciones diplomáticas entre los Estados Unidos y Cuba, ha hecho correr mucha tinta y despertado pasiones: enojo, alegría, esperanza e incluso escepticismo, y sobre todo muchas especulaciones acerca de las posibilidades del levantamiento del embargo comercial, del futuro del régimen político cubano, de la modificación del mapa geopolítico mundial, etc.

Los más optimistas ven el principio del fin. Otros no dicen nada, esperan que las cosas se vayan decantando y se repose la polvareda mediática. Mientras tanto, algunos intentan ver con frialdad los hechos y vaticinan relaciones diplomáticas y comerciales al mismo estilo que las que los Estados Unidos mantiene con el régimen chino, un Estado –como el cubano– que no es que se caracterice por el respeto y promoción de los derechos humanos, tal como están recogidos en la Carta de la ONU.

Cuba, como China, no acepta la concepción de derechos humanos de la declaración de la ONU, principalmente los que se refieren a las libertades civiles y políticas. Si así fuera, Raúl Castro sería el primero en reconocer que el férreo control de las libertades políticas que su régimen mantiene debería desaparecer, pero piensa todo lo contrario, como cuando declaró hace pocos días tener "profundas diferencias, fundamentalmente en materia de soberanía nacional, democracia, derechos humanos y política exterior". Por si fuera poco, dos días más tarde, quiso dejar claras sus expectativas: "así como respetamos el sistema político de Estados Unidos, exigimos el respeto al nuestro".

En Cuba, quienes están al frente del gobierno, están firmemente convencidos de que allí se respetan los derechos humanos ("sus" derechos humanos, claro está). Están seguros de que el término democracia no es unívoco, y que su diversidad se basa precisamente en que a diferentes derechos fundamentales, deben corresponder diferentes democracias.

Cuando los organismos y foros internacionales critican el modo como se maneja el tema de los derechos humanos en la isla, invariablemente el régimen reacciona con claridad, y declara: "incompatibles con los principios constitucionales y el ordenamiento jurídico interno" cualquier recomendación o amonestación que contravenga su modo de entender la persona, y el papel que debe jugar en la ciudad y en el Estado, así como el papel del gobierno, de los medios de comunicación, etc.

Dada la naturaleza totalitaria de su régimen, Cuba siempre reconocerá como improcedente, imposible de poner en práctica, y como una clara injerencia a su política doméstica, cualquier recomendación orientada a respetar la libertad de expresión, asociación y reunión, a reconocer la personalidad jurídica a las asociaciones de derechos humanos (pues, ya se ha dicho, los derechos humanos en Cuba no son iguales a los derechos humanos fuera de la isla), al libre ejercicio del periodismo, etc.

Las críticas internacionales invariablemente están, para el régimen, "sesgadas políticamente y construidas sobre bases falsas, derivadas de los intentos de desacreditar a Cuba por parte de quienes, con sus ambiciones hegemónicas, se niegan a aceptar la diversidad y el derecho de libre determinación del pueblo cubano".

En resumen: derechos humanos, derechos civiles fundamentales, libertades y democracia, tienen en Cuba significados bastante diferentes que en el resto del mundo. Tanto para los gobernantes, como para una buena parte de los cubanos, y ese sí que es, en el fondo, un problema serio.

Nadie duda que el restablecimiento de relaciones diplomáticas es un primer paso, pero de allí a esperar que todos empiecen a correr… No hay que olvidar que los Castro, y su gente, han aprendido a sobrevivir, y si algo tienen los marxistas de hueso colorado es paciencia, pues están seguros de que tarde o temprano la historia les dará la razón, aunque muchos de ellos se hayan muerto esperando la confirmación de sus esperanzas.

*Columnista de El Diario de Hoy.

@carlosmayorare