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Cuatro errores comunes

Si en cambio lo que domina es la ambición desenfrenada por el dinero, y el bien común y la dignidad de los seres humanos pasan a un segundo o tercer plano, si el dinero y las utilidades a cualquier costo se vuelven un fetiche<

A raíz de los sorprendentes últimos viajes de Francisco, varios periodistas liberales en lo político y conservadores en lo económico (promueven incondicionalmente la democracia, al mismo tiempo que desean conservar, a como dé lugar, una separación completa entre ética, política y economía), han escrito artículos en los que critican las posturas del Papa con respecto a temas sociales. 

Sin embargo se equivocan en muchas de sus posiciones. Pero no porque lo que digan esté errado, sino porque critican una Doctrina Social (DSI) que solo existe en su imaginación.

El primero de sus desaciertos, sería el convencimiento de que la Iglesia condena el capitalismo y las utilidades. Esta semana, un periodista de Paris Match preguntó a Francisco: “¿Capitalismo y utilidades, son palabras diabólicas?”, y copio la respuesta del Papa, que no tiene desperdicio: “No son diabólicas si no se transforman en ídolos. No lo son si permanecen siendo instrumentos. Si en cambio lo que domina es la ambición desenfrenada por el dinero, y el bien común y la dignidad de los seres humanos pasan a un segundo o tercer plano, si el dinero y las utilidades a cualquier costo se vuelven un fetiche, si la avidez se convierte en la base de nuestro sistema social y económico, nuestras sociedades terminan destinadas a la ruina”. Sin comentarios.

Esto me lleva al segundo error: una concepción equivocada del bien común. Que para algunos vendría a ser una situación generalizada de bienestar, como si se tratara de que todos tengan de todo. Eso, además de imposible, tiene poco que ver con la DSI. Para ésta, el bien común es la suma de condiciones que se deben dar en la sociedad para que cada integrante de la misma, por medio de su trabajo y del ejercicio de su libertad, alcance las mejores condiciones de vida, tanto materiales como morales. 

El tercer error tiene que ver con el salario justo: dicen que no existe tal. Quizá porque lo confunden con un salario mínimo impuesto por alguien que no son ellos mismos. Otra cita del Papa nos ayudará a aclarar este punto y el cuarto de sus errores: cuando dicen que la Iglesia “tolera” la propiedad privada, porque al proponer la DSI el destino universal de los bienes, o la hipoteca social (término que no terminan de comprender) de las cosas creadas, la Iglesia se maneja en un mundo utópico. 

Escribe Francisco: “La actividad empresarial, que es una noble vocación orientada a producir riqueza y a mejorar el mundo para todos, puede ser una manera muy fecunda de promover la región donde instala sus emprendimientos, sobre todo si entiende que la creación de puestos de trabajo es parte ineludible de su servicio al bien común”. Y es que, de hecho, es imposible que haya actividad empresarial sin propiedad privada y sin una política de salarios acorde a la dignidad del trabajador, y del empresario. 

La DSI no surgió como una alternativa al marxismo del Siglo XIX, sino como una manera de iluminar con principios cristianos una situación social, los primeros años de la revolución industrial, que presentaba unos problemas característicos. Quienes critican la DSI, a veces, es porque se han quedado en el pasado (no han evolucionado su pensamiento con el de la Iglesia); o porque despotrican, sin más, contra cualquier cosa que les huela a religión. Y si de encuentro disminuyen la popularidad, que no la autoridad, del Papa, mejor. 

Por lo dicho se ve que todavía hay algunos --¡qué le vamos a hacer¡-- proclives a dividir el mundo en amigos y enemigos del capitalismo. Porque, tener claramente definidos los bandos, hace que el mundo sea más fácil de comprender… y de confrontar.

*Columnista de El Diario de Hoy.
@carlosmayorare