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Cristiano y Messi

Messi es admirable por ser quien es. Nació fenómeno.  Cristiano lo es porque sin haber nacido con la increíble facilidad de Messi para el fútbol, le disputa a fuerza de voluntad y disciplina, el título del mejor de mundo

Los grandes genios del fútbol, esos que sobresalen muy por encima del resto, no nacen a casa rato. Pasaron 16 años para que luego del mundial de México 70, el último de Pelé, apareciera Maradona.

Una vez eclipsado Diego, pasaron otras dos décadas para que emergieran, no uno , sino dos grandes futbolistas, muy distintos el uno del otro, pero indudablemente muy superiores al resto: el argentino Leo Messi y el portugués Cristiano Ronaldo. Por supuesto que ha habido otros grandes jugadores pero ninguno, a mi juicio, alcanza la impresionante habilidad y la magia de los 4 mencionados.

Mi padre, a quien debo mi pasión por el fútbol, me hablaba de Di Stefano, Paco Gento, Puskás y otros grandes. Pero en realidad fue Pelé el primero en lograr un consenso mundial en cuanto a ser en su momento el mejor futbolista del mundo. Se discute en nuestros días si es o no el mejor de la historia.

Tuve la inmensa fortuna de ver en colores el primer mundial que se transmitió en vivo en el país: México 70. El último de Pelé y donde, indudablemente tuvo su mejor actuación. Yo era un niño aún pero ya era un apasionado al fútbol. Ya había visto coronarse campeón a mi gran favorito: el Aguila en 1968. México 70, fue el mundial, de Brasil, pero sobre todo el de Pelé. Así como el 1986, otra vez en México, fue el mundial de Maradona, donde marcó aquel inolvidable gol frente a Inglaterra.

Cristiano y Messi, no han brillado en los mundiales. Lo han hecho en sus respectivos clubes: el Real Madrid y el Barcelona. No es muy común que dos genios del fútbol coincidan en una misma época. Pero son, como decía, muy diferentes el uno del otro. Sin esconder mis simpatías por el Real Madrid, debo admitir que Leonel Messi nació superdotado para este deporte en particular.

Parece que todo lo hace con enorme facilidad. Pese a su corta estatura y un cuerpo aparentemente insignificante, es muy difícil derribarlo cuando avanza con pelota dominada. Remata muy bien con balón parado y planea con mucha antelación y de manera ultra rápida sus próximas tres o cuatro jugadas. Eso da la apariencia que es más veloz que los demás.

Cristiano más bien parece que nació para ser un atleta que se dedica al fútbol. Para disputarle a Messi, el título de ser el mejor futbolista del mundo, necesita hacer un sobre esfuerzo descomunal. Es notorio que Leo ni se ejercita en demasía, ni hace estrictas dietas como Ronaldo.
Su hermana, cuyo nombre es Sol, aunque el astro es Leo, dice que a éste lo que más le gusta hacer cuando no está en la cancha es ver televisión y dormir. 

Ronaldo por el contrario, que sabe que no nació con las habilidades de Messi, le disputa la grandeza a pura fuerza de voluntad, tanto dentro como fuera de la cancha. Vive en los gimnasios y comiendo lo que debe comer. Consciente que no es muy hábil para esconder la pelota (sus bicicletas son algo tiesas), sabe que la única forma de dejar atrás a los rivales es corriendo, de verdad, más rápido que ellos.

Messi anota de cabeza porque tiene una asombrosa intuición para colocarse donde debe y girar el cuello como debe. Para Cristiano la única opción es saltar mas alto que todos y pegarle al balón con la cabeza como si fuera como el pie. Los goles de Messi son en su mayoría de bella factura. La mayoría de los de Cristiano son de riñón, de bombazo inatajable, de salto imposible, de carrera inalcanzable.

Messi es admirable por ser quien es. Nació fenómeno. Cristiano lo es porque sin haber nacido con la increíble facilidad de Messi para el fútbol, le disputa a fuerza de voluntad y disciplina, el título del mejor de mundo. Cristiano hace realidad el viejo dicho que dice “querer es poder”.

*Columnista de El Diario de Hoy