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La crisis en Latinoamérica

Mucha gente cree que la inflación es bien alegre, porque todo sube. Pero no se acuerdan de que lo que no sube son los salarios

El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional han advertido a la Reserva Federal, el Banco Central de Estados Unidos, que no suba las tasas de interés porque hacerlo llevaría a un pánico terrible en los países emergentes, que sería seguido por una crisis profunda y prolongada.  Las dos instituciones tienen razón en términos de lo que puede pasar en los países emergentes, y en particular en la mayor parte de América Latina.  Pero están siendo irrealistas al traducir esto a una recomendación de que la Fed no suba las tasas de interés.  Es como tratar de parar no el Lempa, sino el Misisipi con un dedo.  Esto es así por los dos lados.  Primero, porque la Fed tiene razones muy poderosas para subir las tasas de interés en el futuro inmediato.  Y segundo, porque atrasar la subida solo atrasará el golpe para los países emergentes y lo volverá peor.  

Con respecto a las razones para subir la tasa de interés, el problema es que ya por muchos años la Fed ha mantenido la tasa de interés baja a base de crear enormes cantidades de dólares.  La cantidad es tan grande que hace unos días el segundo de a bordo de la Fed declaró que ya hay signos de que la tasa de inflación puede subir sustancialmente.  Si esto pasa, la tasa de interés subiría no por acción de la Fed.  La subiría el mercado para compensar a los ahorrantes por la inflación. 

Mucha gente cree que la inflación es bien alegre, porque todo sube.  Pero no se acuerdan de que lo que no sube son los salarios, y que la inflación complica todo el manejo de los negocios y de las finanzas del gobierno y termina siendo depresiva, especialmente para los mercados emergentes.  

El segundo problema es que no es realista pensar que retardar la subida de los intereses va a mejorar la situación. La debilidad de los países emergentes proviene de que, al caer los precios de los productos primarios los capitales que entraron a dichos países para financiar más inversiones en dichos productos ahora están saliendo de ellos, dirigiéndose a Estados Unidos y otros países desarrollados.  La razón por la que entraron estos capitales en los países emergentes fue que esperaban mejores rendimientos, en parte porque las minas y propiedades agrícolas daban grandes utilidades y en parte porque las tasas de interés en esos países, al pasarla a dólares, eran bien altas.
 
Ahora que el boom de los productos primarios ha terminado, hay tres factores que han revertido el atractivo de invertir en esos países: la rentabilidad de los proyectos para desarrollar más productos primarios ha caído y en vez de utilidades hay pérdidas, y las monedas de los países emergentes se están devaluando rápidamente.  La devaluación reduce la rentabilidad medida en dólares.  Por ejemplo, si en un país la tasa de interés es 20 por ciento, pero la moneda se devalúa 30 por ciento con respecto al dólar, usted está perdiendo aproximadamente 10 por ciento medido en dólares.  No es gracia invertir en un país para perder 10 por ciento.  La gente saca sus inversiones y se las lleva a Estados Unidos, donde la tasa de interés es baja, pero es positiva (es mejor 2 por ciento que menos 10 por ciento).
 
El tercer factor que hace que el dinero salga es un círculo vicioso.  Cuando el dinero sale, las tasas de interés suben, aproximándose a la tasa de devaluación.  Así, si la tasa de devaluación es 20 por ciento anual, la tasa de interés tenderá a subir en 20 puntos para anular las pérdidas causadas por la devaluación.  Pero el aumento en las tasas hace que la producción baje, y la moneda se vuelve a devaluar.  

Al subir la tasa de interés en Estados Unidos, este proceso se va a acelerar.  Pero se acelerará aunque Estados Unidos no las suba, porque todo el mundo sabe que un día de estos las subirá.  En realidad, la incertidumbre de cuándo la van a subir puede ser peor.  Por eso, algunos bancos centrales de países emergentes, como el de India, han pedido que la suban ya, para eliminar las incertidumbres. 
 

*Máster en Economía,
Northwestern University.
Columnista de El Diario de Hoy.