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Crimea… ¿La chispa de un conflicto global?

Durante la Guerra Fría del Siglo XX los hombres fuertes de las relaciones exteriores soviéticas y estadounidenses, habitualmente negociaban los resultados de las crisis y el destino de zonas geopolíticas y hasta de países. Eran cosas del siglo pasado estas conversaciones y entendimientos; sin embargo, desde hace un par de semanas existe una sensación global de déjà vu, de una guerra fría del Siglo XXI. Estadounidenses y rusos han estado negociando el encontrar una manera para desactivar la crisis en Ucrania y entre tanto, dar forma a su destino.

Durante estas conversaciones el presidente Obama dejó claro que Washington no tiene intención de ampliar la OTAN, ni incorporando Ucrania ni Georgia. Los rusos por su parte han declarado que no tienen intención de llevar a cabo más operaciones militares en Ucrania. Las conversaciones entre el Ministro de Relaciones Exteriores ruso, Sergei Lavrov, y el Secretario de Estado, John Kerry, han sido permanentes y amplias. Por diferentes razones ninguna de las partes quiere que la crisis continúe. Pero cada una tiene una lectura diferente de la situación.

Desde la perspectiva rusa, están convencidos que el levantamiento en Kiev fue fomentado por los servicios de inteligencia occidentales, los que apoyan las organizaciones no gubernamentales. Y que sin esta intervención sin duda estas manifestaciones se habrían extinguido y el gobierno habría sobrevivido. Lo que es importante es que los rusos creen esto. Lo que significa que ellos realmente creen que la inteligencia occidental es capaz de desestabilizar Ucrania y potencialmente a otros países dentro de la esfera de influencia rusa, o incluso la propia Rusia. Esto hace que el Kremlin desconfíe del poder norteamericano.

Desde la perspectiva norteamericana, expertos señalan que los rusos son los más fuertes en la región. Estados Unidos no tiene opciones militares realistas y prácticas en Crimea. Creen que a los Estados Unidos le tomaría meses acumular fuerzas en el caso de un conflicto mayor. Por ejemplo, preparar la Tormenta del Desierto tomó seis meses. Y la invasión a Irak (2003) tomó tiempo similar. Con el tiempo en su contra, ante cualquier intento norteamericano los rusos habrían logrado sus objetivos militares.

Los estadounidenses no proyectan que los rusos desplieguen opciones militares, ya que esta opción pondría de manifiesto la incapacidad de Estados Unidos para organizar una respuesta oportuna. También revelaría debilidades de la OTAN.

Otros expertos opinan que Estados Unidos no está claro sobre lo que quiere de los rusos. En parte se quiere crear una democracia constitucional en Ucrania. Los rusos en realidad no se oponen a esto siempre y cuando Ucrania no se una a la OTAN o la Unión Europea. Pero los rusos también son conscientes que la construcción de una democracia constitucional en Ucrania podría ser inútil. Ellos saben que el gobierno actual está construido sobre arenas movedizas en temas económicos y sociales.

Hay sectores del gobierno de los Estados Unidos preocupados de que Rusia emerja como una potencia hegemónica regional. Y también hay sectores del gobierno que siguen obsesionados con Medio Oriente, y ven a los rusos como los rivales en la región, mientras que otros los ven como socios potenciales.

Rusia sufrió un revés después que cayó el ex-presidente de Ucrania, Viktor Yanukovich. Actuó no tanto para revertir la derrota, sino más bien, para dar forma a las percepciones sobre su poder. El poder de Moscú es real, si, pero insuficiente para revertir directamente estos eventos. Tendrá que utilizar la debilidad económica de Ucrania, su fragmentación y el tiempo, para tratar de reafirmar su posición política.

Para tener esa solución, Moscú necesita un interlocutor significativo. Y Estados Unidos, lógicamente, es el único disponible.

* Colaborador de El Diario de Hoy.

resmahan@hotmail.com