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La creciente dictadura de los tolerantes

Se va extendiendo, poco a poco, en países que se jactan de ser tolerantes, países europeos y en los Estados Unidos de Norteamérica, un tipo de intolerancia solapada que no llega al crimen --como en países de otros continentes--, pero sí a considerar cualquier manifestación de cristianismo como un atentado a la buena convivencia.

Esta intolerancia, disfrazada de tolerancia, se remonta a Voltaire, considerado como su gran apóstol . En el capítulo octavo de su Tratado sobre la tolerancia señalaba Voltaire el espíritu tolerante del pueblo romano; pero como los cristianos se oponían al culto religioso tradicional, ellos fueron los intolerantes y por tanto justamente reprimidos. El Japón también era tolerante pero los jesuitas que llegaron a predicar el cristianismo a ese país eran intolerantes, por eso fueron perseguidos hasta el martirio. E insiste lo mismo sobre China y su tolerante emperador Tont-Ching, que se vio obligado a castigar a los jesuitas, por su intolerancia. Tampoco le parece mal que los católicos ingleses no pudieran optar a cargos públicos y tuvieran que pagar dobles impuestos que los anglicanos, etc. O sea: se puede ser intolerante contra los cristianos… porque estos son intolerantes.

Pues ese extraño modo de entender la tolerancia volteriana florece ahora de nuevo contra el cristianismo, de muchos y variados modos. Ya vimos en artículo anterior cómo el tolerante Vargas Llosa arremete contra la Iglesia porque ésta no tiene el criterio que Vargas piensa que debería tener sobre el aborto y la homosexualidad. Pero no es solo él. Es el retirar crucifijos y otros signos religiosos porque pueden molestar a los no cristianos; pero en cambio no se retiran anuncios y fotos pornográficas, aunque molesten a los cristianos. Usted no puede decir nada contra un homosexual, pero estos sí pueden desfilar haciendo mofa de la religión e incluso escribiendo grafitis insultantes o blasfemos contra el cristianismo.

Hay ejemplos indignantes y otros ridículos. Algunos ejemplos puntuales. El Sindicato de Estudiantes de la Universidad de Cardiff, en Gales, prohíbe a las asociaciones de estudiantes participar en manifestaciones a favor de la vida, porque… ellos piensan lo contrario. El Colegio de Obstetricia y Ginecología del Reino Unido niega el título de experto en salud reproductiva si no están dispuestos a aceptar los anticonceptivos --que científicamente son verdaderos abortivos-- ni la píldora del día después. Los Colegios de Abogados de Ontario y Nueva Escocia (Canadá) no admiten el Grado en Derecho de la Trinity Western University, porque esa universidad no está a favor de las relaciones homosexuales.

También le está llegando la Inquisición de los tolerantes a la literatura: Huckleberry Finn, la maravillosa novela de Mark Twain, ahora es condenada por racista y El mercader de Venecia, de Shakespeare, por antisemita. Incluso las deliciosas Aventuras de Guillermo, de la escritora inglesa Richmal Crompton, ahora se rechazan por un presunto antifeminismo.

Se va imponiendo la ley obligatoria del pensamiento único, cuyos principales mandatos son: 1.- Ser ateo es algo digno y progresista; ser cristiano es algo irracional y atentatorio contra el progreso y la paz social. 2.- Las creencias religiosas deben recluirse en los templos y en las conciencias, pero sin influencia alguna en las costumbres y en la ética social. 3.- Antes de la implantación del embrión en el endometrio materno, no se es humano, por lo tanto si se impide la implantación de ese embrión, eso no es un abortivo, sino un anticonceptivo (¡!). 4.- El derecho a la vida de los humanos intrauterinos depende de la voluntad de la madre porque el aborto provocado es un derecho femenino universal y debe implantarse legalmente en todo país. 5.- La homosexualidad es algo genético y su actividad sexual algo tan honorable o más que la sexualidad matrimonial entre un hombre y una mujer. 6.- No hay verdades absolutas; todo es opinable siempre que no se oponga a los mandatos del pensamiento único dictado por los líderes millonarios de la cultura de la muerte.

*Dr. en Medicina.

Columnista de El Diario de Hoy.

luchofcuervo@gmail.com