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Cosas del idioma y por qué es correcto escribir trol y troles

Pieza por lo general de música o de letras, de carácter ligero, para solaz, formación e información de las personas. Vale decir que lo uno no quita seriedad a lo otro

Hace algunos años le poníamos comillas a la palabra fax, para acusar su extranjería. Con el entonces embajador de Colombia, Tito Mosquera Irurita, caballero escritor de agudo y fecundo entendimiento, coincidimos --en estas mismas páginas--, que años atrás, el anglicismo box había adquirido carta de validez castellana con todos sus derivados como boxear, boxeador, boxístico, etc. La misma suerte había corrido, mucho antes, el verbo cachar, oriundo del inglés, “to catch”, cuyos orígenes comparte con béisbol, fútbol, básquetbol, suma y sigue.

Acertamos, y ahora se puede hallar fax, faxear, y  otros vocablos de diversa cuna, en el diccionario de la venerable Academia que blasonaba, su linajudo lema de Limpia, Fija y da Esplendor.

Trol está registrado en el diccionario de la RAE, como palabra derivada “del noruego ‘troll’, ser sobrenatural. En la mitología escandinava, monstruo maligno que habita en bosques o grutas”, y ahí se queda.

La mayoría de diccionarios en inglés, por el contrario, abunda, y le atribuye la misma definición, pero añade, como sin duda lo terminará haciendo la RAE, la acepción ligada a la cibernética que se lee --supongo por analogía con las malignas criaturas--, como sigue: “Dícese de quienes consignan, en línea, mensajes inadecuados o comentarios de contenido hostil, insultante, difamatorio, con el fin de perturbar a otros usuarios y provocar una respuesta”.

Estoy seguro de que pronto será igualmente lícito usar los derivados trolear, troleando, trolero, trolismo; trolín o trolito, como diminutivos; trolón y trolazo, como aumentativos; trolucho, como despectivo; civitrol para referirse a troles de la sociedad civil; nayitrol, transpatrol o  burotrol atribuibles a la amplia gama de troles oficialistas,  y  si se quiere aún más sofisticado, trol de estribor y trol de babor, para troles naúticos con tendencia derechista o izquierdista y así, ad infinitum.

¡Por lo tanto, estimados lectores de cualquiera ideología, confesión, género o transgénero a la que pertenezcáis, yo os insto a usar, con la libertad que aún nos queda, la palabra trol y su plural troles, con una sola L y sin comillas! Cabalgad pues a lomos del idioma con el gusto con que, aquella noche de Santiago, el poeta “corrió el mejor de los caminos, montado en potra de nácar sin bridas y sin estribos”; pero ¡Ojo! Hace falta ser buen jinete para montar este caballo. Que si no conocéis los trucos de su equina sintaxis puede, con un leve corcovo, dar con vuestra humanidad en el fango del ridículo.

Una cosa hay que admitir: la globalización afecta  en gran medida al idioma, y esto parece saberlo, desde hace mucho la Academia, que no por Real, se libra del populismo en boga, pues a sabiendas de que el habla la hace el pueblo va y le aguanta casi todo lo que este le avienta, de ahí que su toga esté un tanto salpicada por la arremetida de los nuevos arietes semánticos de la tecnología y la ciencia universales. Pero considero que es sólo cuestión de tiempo para  que los señores “de número”, en España e Hispanoámerica,  decidan limpiarla un poco y fijar de nuevo su color para que así recobre su opacado esplendor.

Aclaro que, al decir, “cabalgar a  lomos del idioma”, no  incito  a la anarquía, lo cual podría generar la justa indignación del respetado académico, don Carlos Alberto Saz, que jamás toleraría  desenfrenos de la lengua. En caso de haber sido malinterpretado, os ruego, señor, aceptar las disculpas de este villano de cabeza desnuda, pues con su sombrero os está tendiendo un respetuoso saludo.

No por festivo es menos serio lo que aquí les digo y, habiendo alcanzado ya la edad que llaman provecta, asumo el derecho que esta me confiere, para dar consejo, en particular dirigido a las nuevas y, por qué no, también a las maduras y viejas generaciones, ya que en esto del hablar todas pecan por igual: en primer lugar, lean, lean, lean con voracidad y pasión desbordadas y, en forma paralela, consulten el diccionario o los diccionarios, que de muchas especialidades y disciplinas los hay, pero háganlo con afán desmedido, rayano en lo neurótico, sólo así podrán enriquecer su vocabulario y conocimientos y, si por disposición divina les gusta escribir o tienen que hacerlo para ganarse la vida, podrán entonces compartir esa riqueza con sus lectores.

Por el momento, ahí les dejo este cinco de texto.

*Periodista.
rolmonte@yahoo.com