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Contar hasta diez...

Cuando Luis Inacio "Lula" da Silva visito nuestro país como Presidente de Brasil, al inicio del gobierno de "el cambio", se dice que brindó buena asesoría y remachó visión. El consejo que más se conoció fue el que le dio a su homólogo Funes y a sus funcionarios: que en política hay que aprender a contar hasta diez, y si no es suficiente para dominar temperamento por algo que le puedan haber dicho, volver a contar y así sucesivamente. El poder se administra.

En ese momento no le había estallado al veterano político el escándalo de corrupción conocido como "mensalao" (entrega de sobres con dinero mensuales para comprar voluntades) por miembros del Partido de los Trabajadores, pero cabe decirlo: Lula le brindó estabilidad a su país. Es verdad que hubo temor y razonables dudas antes de su llegada a la Presidencia, pero el hombre se manejó bien. Cedió al PT las relaciones internacionales, pero manejó razonablemente la economía.

He hecho mención de lo anterior por la innecesaria tensión existente alrededor de los fondos del Milenio (compacto II). Los salvadoreños, de mala manera, nos hemos venido acostumbrando a "la mecha corta", como por ejemplo la despotricada semanal en Aló presidente. Al fin y al cabo, dice la gente, éstos ya se van…pero una cosa son las sofocadas reacciones en el ámbito local y otras las que tocan fibra sensible fuera de nuestras fronteras, para aquellos que en pleno siglo XXI viven aún con mentalidad aldeana.

Supe a ciencia cierta quién es el senador Leahy en 1989. Acompañé incontables veces al Capitolio al entonces embajador de El Salvador en Washington, Miguel Ángel Salaverría. Vía nuestro querido "Don Mike" --de quien fui uno de los miembros del joven equipo que constituyó en nuestra embajada en la capital política del mundo-- fui teniendo acceso uno a uno a varios de los principales funcionarios estadounidenses de aquella época y la presente.

El senador Patrick Leahy era ya uno de los más influyentes miembros del Senado estadounidense. Nosotros sentíamos que era él uno de nuestros principales opositores, tras apoyar, por ejemplo, la iniciativa que buscó retener el 50% de la ayuda militar luego de la "ofensiva hasta el tope" y del asesinato de los jesuitas. Pero también, como el mismo Leahy dijo hace un par de días en el Senado, dio su respaldo en esos años para la consecución de la paz; apoyó durante la década pasada el Fomilenio para nuestro país (compacto I) y en estos últimos años ayudó a paliar la devastación causada por tormentas tropicales.

Leahy es uno de los líderes más liberales del Congreso estadounidense. Por ello, me resulta aún más absurdo que un gobierno del FMLN se esté echando encima a este influyente senador que tiene la capacidad de bloquearnos los fondos de los contribuyentes de esa nación si acá no nos ponemos las pilas en las condiciones establecidas para recibir la ayuda no reembolsable y que tampoco pone en riesgo nuestra soberanía.

Además, ¿cuántos estarán en contra de que se respete la institucionalidad y no se atente más contra la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema? O, ¿quiénes estarán en desacuerdo con que se combata la corrupción percibida como generalizada o con que supere la inseguridad en que vive la ciudadanía o con que no sigan proliferando las estructuras del crimen organizado?

El Salvador merece recibir los fondos del compacto II. Es un proyecto de nación que traerá beneficios tangibles durante el próximo quinquenio. Aunque para ello haya que contar hasta diez...

*Director Editorial de El Diario de Hoy.