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¿Conservador y cavernícola?

En época de campaña se aprecia mucho la honestidad de los candidatos. Los ciudadanos rechazan las "medias tintas". Y la mentira paga caro. Llama la atención los rodeos de los presidenciables sobre tópicos como el aborto, la desnaturalización del matrimonio y la legalización de las drogas. Estos son aspectos fundamentales que pueden transformar la vida en sociedad y cambiar la escala de valores de hombres y mujeres. Son inaceptables las respuestas que argumentan como excusa la falta de discusión de esos temas con los liderazgos del partido. Tratándose de una campaña presidencial, en la que se espera la mayor claridad posible por parte de quienes pretenden gobernar, el tratamiento de estos asuntos debería estar escrito y totalmente definido.

No cuesta nada comprometerse con la defensa de la vida desde el momento de la concepción. Además es una obligación constitucional. Este es un campo en el que los candidatos se beneficiarían al ofrecer una agresiva campaña que promoviera la fidelidad entre la pareja, la abstención entre los jóvenes y una orientación para sustituir las campañas que promueven el "sexo responsable". Como alternativas para distraer a los adolescentes, los aspirantes deberían impulsar decididamente actividades relacionadas con la música, el arte y el deporte. Pero los candidatos guardan silencio y temen que los ubiquen en una u otra corriente ideológica.

Rafael Correa, en Ecuador, amenazó con renunciar si aprobaban la legislación que despenalizaba el aborto. Dijo que no le importaba que lo tacharan de "conservador" y "cavernícola". El presidente ecuatoriano se refirió también a los matrimonios entre personas del mismo sexo. Señaló que "destruyen la familia convencional que sigue siendo y seguirá siendo la base de la sociedad". El mandatario advirtió que se está "adoctrinando" en esa ideología "peligrosísima" en muchos centros escolares y criticó que les estén imponiendo a los jóvenes esa visión equivocada.

Tampoco se trata de minimizar situaciones extremas en las que peligra la vida de la madre o de excluir grupos de población que apoyan la diversidad sexual. En uno y otro caso, un político con claras ideas, debería dialogar y expresarles, a quienes sostienen posiciones contrarias, el profundo respeto hacia sus convicciones. La discusión permitiría exponer las alternativas médicas para salvar a la madre y a su hijo y las razones, también científicas, del por qué el aborto no es una alternativa en estos casos. Asimismo convendría dejar claro que no se rechazan las preferencias sexuales de los individuos, que se tiene hacia ellos la mayor de las consideraciones y que su postura no es contra su libertad sino contra la distorsión del matrimonio, que debe entenderse como la unión entre un hombre y una mujer.

El ruido de las campañas, principalmente cuando se concentran en acusaciones y contraacusaciones, esconde este tipo de debates y permite a los candidatos evadir el abordaje de materias trascendentales para la formación de las nuevas generaciones. De esta manera, los meses pasan, llega la elección, resulta un ganador y al final los electores desconocen la escala de valores del nuevo presidente.

Sobre los "temas valóricos", así llamados en Chile aquellos relacionados con el aborto y el "matrimonio igualitario", la presidenta electa, de manera abierta y contundente, dijo que los apoya y que enviará al Congreso un proyecto de ley para implementarlos. Durante la campaña electoral, la mandataria no engañó ni usó un lenguaje confuso sobre estas iniciativas. Le reconocemos su franqueza, aunque disentimos de su visión.

De presentarse una segunda vuelta en El Salvador, la "Fundación Sí a la Vida" y "CEMUJER", deberían organizar un foro para que los dos candidatos, que según las encuestas serán los del FMLN y ARENA, expusieran sus ideas sobre tres aspectos muy concretos: ¿Se considera persona a un ser humano desde el momento de la concepción? ¿Es el matrimonio la unión entre un hombre y una mujer o existen otras "modalidades" según su criterio? ¿Cuál es la orientación que le imprimirá a las campañas de valores para educar a los jóvenes en estos dos aspectos?.

Rehuir este tipo de discusiones y concentrarse únicamente en los ámbitos económico y de seguridad, cuya urgente atención es irrefutable para revertir el desaliento de la inversión y detener la racha ascendente de homicidios, significa aceptar, a ciegas, a uno u otro candidato, sin tener la menor idea sobre sus creencias en materia de valores, protección de la vida y respaldo a la institución del matrimonio.

Los mismos argumentos aplican para el silencio de los presidenciables sobre el polémico tema de las drogas. Legalizar o mantener su prohibición es el dilema. Uno u otro camino presentan impactos muy diferentes e inimaginables consecuencias si se toma el camino equivocado. Por ahora continuamos esperando definiciones más precisas acerca de las decisiones que adoptará quien nos gobierne en los próximos cinco años.

*Columnista de El Diario de Hoy.