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“Lo conquistado no se entrega…”

Si el Estado utiliza mis ahorros de pensiones, por los que trabajé toda una vida laboral para no ser carga de nadie, ¿qué haré enfermo, con achaques, sin fuerzas, si me llegan a decir que no hay dinero para pagarme?

Es escalofriante pensar que cuando ya estemos para jubilarnos, de aquí a unos cinco o diez años, el gobierno que esté de turno nos diga que se acabó el dinero de nuestras pensiones en el pago de sus obligaciones.

Don Ricardo Soriano, uno de los dirigentes sindicales que por décadas ha luchado por los trabajadores salvadoreños, plantea ese infartante escenario de esta manera: “No habrá dinero y nos van decir que nos darán quedans o vales”, con la promesa de que algún día nos los pagarán. “Al final ni la mano nos van a dar…”.

La preocupación es legítima, por más que los voceros gubernamentales juren que “el gobierno es el más seguro para pagar”, como dijeron hace unos días en televisión. En ese momento me pregunté si es así, ¿por qué se quedan sin medicinas los hospitales? ¿Por qué hay muchas escuelas sin reparar? ¿Por qué se entregan con retraso los uniformes y zapatos a los escolares? ¿Por qué hubo un momento en que hasta las devoluciones de renta se dejaron de pagar por mucho tiempo?

Y en seguida, me interrogué: Y si el Estado utiliza mis ahorros de pensiones, por los que trabajé toda una vida laboral para no ser carga de nadie, ¿qué haré enfermo, con achaques, sin fuerzas, si me llegan a decir que no hay dinero para pagarme, como ocurrió hace un tiempo con las devoluciones de renta en Hacienda o le ha sucedido a los becarios y a los viejitos que les prometieron “pensión vitalicia”?

Esta preocupación, que no es solo mía, es legítima. Lo planteo con este dramatismo porque a muchos parece no importarles, como a un jubilado que dijo a los periodistas: “A mí no interesa la política. Lo que quiero es que me sigan pagando…”, sin darse cuenta de los riesgos a futuro.

Porque “después del gustazo viene el trancazo”: el dinero inevitablemente se acaba, sobre todo si hay despilfarro en la compra de camionetas y vehículos de lujo, para gastos exorbitantes en los supermercados y almacenes exclusivos dentro y fuera del país y vayan ustedes a preguntarles a los de Probidad de la Corte Suprema todas las gangas que encuentran cada día en las auditorías patrimoniales a funcionarios o exfuncionarios.

Un economista dijo por televisión que “el gobierno ya dispuso de esos dineros”, pero que él no creía que los fondos se perderían porque el país no ha entrado en insolvencia o falta de capacidad de pago.

Me extrañó y, bueno, dije yo, eso es ahora, pero dentro de un buen tiempo podría suceder, porque, como dijimos, el dinero no es infinito. Si no, pregúntenle al viejito del anuncio que se quedó llorando… O a los agentes de la policía a quienes les ha costado que les den sus bonos a pesar de que desde hace un mes se cobra un impuesto con ese propósito y sin el cual no habría fondos para pagárselos.

En todo caso, no es correcto que se disponga de mis ahorros sin mi consentimiento, con el riesgo de que después quieran disponer de mi cuenta en el banco y de mis bienes. De por sí, por mis ahorros de pensiones, como a los de todos, el Estado me paga una tasa muy baja de interés.

El proyecto se justifica con argumentos como establecer “pensión universal”, “justicia social”, etc., pero muchos tememos que terminarán queriendo pagarnos una miseria a todos. De hecho, ¿cómo puede haber confianza si el gobierno quiere definir cada año el monto de la pensión mínima? 
Es importante construir una sociedad solidaria, sobre todo para cuidar de nuestros ancianos, pero no a base de quimeras de repartos, sino de fortalecer económica y jurídicamente al país para que las familias tengan empleo y salarios dignos y procurar el bien común, como lo han experimentado y lo saben muy bien nuestros hermanos migrantes en Estados Unidos, Canadá, Suiza, Suecia y tantos otros países que se han desarrollado.

Pero malgastando o repartiendo a mansalva el dinero todos nos vamos a quedar en la miseria.

Creo que es importante que cada uno de nosotros se acerque a las AFP a constatar cuánto dinero tenemos en nuestras cuentas, no permitamos que nadie nos lo quite para hacer piñatas populistas y pensemos si nos gustaría que lo que será el respaldo para nuestra vejez se esfume por decreto.

Después ni la mano nos van a dar…

NOTA: No vayan a decir que esto es parte de una campaña, porque yo sí estoy convencido de que esto no es ideológico sino un tema de país y hay que defender lo que es de uno, algo así como aquello de “lo conquistado no se entrega...”.

* Editor Subjefe de El Diario de Hoy.