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Conductores temerarios y Selección Natural

Hace varios siglos el científico inglés Charles Darwin sostenía que los seres vivos en el transcurso del tiempo sufren variaciones y que solamente sobreviven cuando estas últimas les permiten adaptarse mejor al medio en que viven. Así por ejemplo en una colonia de algas, muchas sufren variaciones para vivir en diferentes clases de temperaturas pero si el clima se calienta sólo sobreviven las adaptadas al calor sofocante.

Esta teoría se conoció como Selección Natural que, en el fondo, apunta a que los individuos mejor dotados son los que sobreviven y perpetúan la especie al transmitirse esas variaciones a través de la herencia.

¿Pero qué tiene que ver la Selección Natural con los conductores alcoholizados? En la práctica éstos no están dotados de variaciones para sobrevivir y, por el contrario, poseen condiciones biológicas y psicológicas que los empujan constantemente a ser seleccionados por las leyes naturales. Comúnmente no están conscientes de su situación y lejos de alejarse del volante insisten en conducir, ante esta situación la misma naturaleza los saca del sistema acortándoles drásticamente su esperanza de vida. Si salió ileso en la primera no saldrá en la segunda y mucho menos en la tercera, así de sencillo.

El principal problema del conductor alcoholizado es que no aprecia su propia vida, tampoco las de sus acompañantes y mucho menos las de los peatones y otros conductores. Con frecuencia minimizan su condición y conducta, razonan con aparente lógica y aseguran, por ejemplo, que en el país todos los conductores son temerarios porque si no beben van pendientes del teléfono celular, que "chupan" con el dinero que ganan honradamente y que al igual que todos, tienen derecho a tomar de vez en cuando.

En El Salvador los conductores alcoholizados circulan durante todo el año, lo que pasa es que se detectan con más frecuencia en épocas de festividades porque la Policía de Tránsito intensifica los controles. Un experto en la materia considera que en una sociedad como la salvadoreña, en la que todo se celebra con licor, ruido y desorden, al menos diez de cada cien conductores son temerarios a quienes les importa un bledo manejar con licencia o sin ella.

En realidad la Policía solamente detecta una parte de la totalidad de temerarios, y cuando los detienen después de varios días de bartolina y de pagar las multas correspondientes quedan en libertad y regresan al volante como si no ha pasado nada. En los países desarrollados, donde se protege al inocente y a la propiedad privada, judicializan cada caso y lo llevan a los tribunales, si sale bien librado le recetan no menos de un año de prisión y suspensión de la licencia para conducir vehículos por cinco años o más.

Tantas patologías acosan a la comunidad salvadoreña que se considera normal detectar un centenar de conductores alcoholizados y muy pocos se alarman que en una semana de actividades litúrgicas ocurran 400 accidentes, 19 fallecidos, 300 lesionados y 70 homicidios. Y todavía algunos funcionarios se muestran complacidos con algunas reducciones porcentuales en ciertos rubros cuando en realidad las cifras anteriores deberían ser cercanas a cero.

*Doctor en Medicina. Colaborador de El Diario de Hoy