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Con polvo en los zapatos

No hay posibilidad de recorrer nuestro querido país sin empolvarse los zapatos. Para hablar con todos nuestros compatriotas tienes que caminar más allá de las calles principales y rápidamente el desarrollo de la infraestructura se vuelve casi inexistente. En estos días he estado conociendo el departamento que deseo representar y he tenido la oportunidad de hablar con los ciudadanos. Aunque tengo más de veinte años de residir aquí, mentiría si les dijera que conocía todos los municipios y mentiría si ahora les dijera que conozco todos los cantones y caseríos. ¡Me falta tanto!

El fin de semana pasado visité un par de lugares donde ninguno de los candidatos había llegado antes. No había banderas, ni ningún símbolo de presencia partidaria. Los habitantes de las comunidades me comentaban que se sienten totalmente abandonados. En una de ellas se sentaron en la cuneta de una calle de tierra para conversar conmigo. Es para mí cada vez más evidente el impacto positivo que tendría racionalizar en serio los gastos del Estado y priorizarlos.

Tuve la oportunidad de dirigir un breve mensaje donde repetí que cuando entre a la Asamblea saldrá uno de esos políticos que la gente ya no quiere y que entonces habrá un político menos; que cuando una persona gana poder no gana privilegios y favores, sino responsabilidades y que, cuando uno se convierte en servidor público, debe recordar que no es el primero, sino el último.

Reiteré que en estas elecciones lo más importante son las personas a elegir y no sólo las propuestas; que es importante tomarse el tiempo para seleccionar a aquellas que creen que serán mejores servidores públicos; que no pierdan la oportunidad de apoyar el proceso de renovación política de ARENA votando por los candidatos que mejor pueden servirles. Les mencioné además, puntualmente, la relevancia de aumentar la inversión en educación y cuáles beneficios les traería a sus hijos y al país.

Al final una de las personas que estaban allí sentadas me dijo que me agradecía que no hubiera llegado a prometerles nada y que contaría con su voto porque esperaba que llegara a trabajar a la asamblea, que me acordara de esa comunidad y que hablara con el alcalde para gestionar proyectos específicos que les mejorarían su vida. Me pidió que buscara la forma de reducir el número de elecciones para ahorrarnos varios millones que tanto necesitamos. Me impresionó ser testigo de la candidez y bondad del corazón de los salvadoreños. En medio de su pobreza no guardan rencor por cómo han sido tratados por los gobernantes. Ha sido una experiencia maravillosa.

También he conocido a líderes municipales de innegable calidad. La primera vez que visité la alcaldía de Jayaque y entré a la oficina de don Santos Luna, no podía creer que tuviera una puerta que daba a la calle y que permanecía abierta. Luego me enteré de su vida, de sus hijos, de su larga vida matrimonial. Visité también a don Pedro Montoya, en Sacacoyo, y a través de él conocí cómo era su municipio hace más de 20 años y los resultados de su trabajo. Es impresionante su liderazgo municipal y entre sus colegas alcaldes.

En Jicalapa conocí a Salvador Menjívar, en Teotepeque a Alfonso Arévalo y en Talnique a Juan Antonio Fuentes. Todos ellos hombres nativos de sus municipios, que sirven denodadamente a sus habitantes. De nuevo me invadió la certeza de la importancia de aumentar la inversión del Estado en el territorio para generar condiciones de mayor prosperidad. Haciendo equipo entre diputados y alcaldes podremos construir mejores propuestas de desarrollo para cada municipio y así llevar oportunidades para todos. Hay tanto que podemos hacer juntos. De su voto, ciudadanos, depende.

*Colaborador de El Diario de Hoy