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Con la piedra en el zapato

Recientemente platicaba con unos amigos que se fueron a vivir a Canadá. Me comentaban que siempre utilizan el transporte público para trasladarse, y que hace unos días uno de ellos botó en la calle su ticket de transporte, válido por todo un mes, por el que había pagado aproximadamente $120 dólares. Al paso de un par de días, obtuvo noticias de una oficina de perdidos y encontrados del municipio, notificándole que una persona había encontrado y llevado su ticket de transporte y su tarjeta de identificación personal.

No pude evitar regresar hace algunos años, a mis clases de derecho, en las que aprendimos que en El Salvador, si uno encuentra un objeto perdido, está obligado --por ley-- a ponerlo a disposición de su dueño; si no se sabe a quién le pertenece, debemos entregarlo a la autoridad competente, la cual debe ordenar su resguardo y dar aviso del hallazgo en periódicos o carteles. Esto que para muchos puede parecer una locura recogida en nuestro Código Civil, se llama "respeto a la propiedad privada", y es lo que tanto bien le hizo a mi amiga en Canadá.

A partir de esto, decidí hacer un pequeño ejercicio para encontrar más "disparates" en nuestras leyes, lo cual resultó extremadamente sencillo. Por ejemplo, la Ley de Transporte Terrestre, Tránsito y Seguridad Vial establece que los peatones tienen prioridad de paso con respecto a los vehículos, lo cual significa que los carros deben detenerse cuando una persona se dispone a pasar la calle. Además, obliga a respetar los espacios reservados para el uso exclusivo de personas con discapacidad o para mujeres embarazadas. Otra curiosidad que encontré, es la prohibición de tirar basura a la calle, de cruzar el semáforo en rojo, o de aumentar la velocidad cuando otro vehículo quiere sobrepasarnos. Pero una de las más insólitas, es que está prohibido parquearse donde haya un rótulo que diga "prohibido parquearse". Todas estas excentricidades se llaman "respeto a la vida" y "respeto al derecho ajeno", y son esenciales para una vida en convivencia.

También puedo destacar el ejemplo de la Ley para el Control del Tabaco, que establece la prohibición de fumar en lugares de esparcimiento públicos o privados, y la prohibición de vender cigarros a menores de edad. Igual de descabellada es otra ley que prohíbe la venta de alcohol a menores de 18 años…Parece que da risa, pero lo único que debe darnos es vergüenza colectiva.

Discutiendo sobre estos temas, otra amiga que se ha radicado en Suiza me comentó que allá te llevan preso si no dejas pasar al peatón. "Tal vez eso necesita El Salvador, leyes más estrictas", me dijo. Pero yo no estoy de acuerdo con esa opinión. Creo que es evidente que en El Salvador ya tenemos suficientes leyes que regulan y sancionan este tipo de violaciones. Lo que hace falta son suficientes salvadoreños que practiquen y promulguen una cultura de respeto a las leyes, y que estén dispuestos a acatarlas siempre, aún cuando no hay nadie vigilando.

Con la misma vehemencia que criticamos a los funcionarios corruptos, a los buseros que manejan como maníacos, o a los mareros, debemos juzgarnos a nosotros mismos. El mismo desprecio por la vida ajena que exhiben los pandilleros, es el que mostramos nosotros al no dejar pasar a un peatón que intenta cruzar la calle. A veces son mamás cargando a un bebé, y parece que a nadie le importa. Nada cuesta poner luces intermitentes, detener el vehículo, y dejarla pasar. Igual de culpables somos cuando permitimos que se venda alcohol a un adolescente que luego pierde la vida por ir manejando bajo los efectos del alcohol.

Estoy convencido de que en la medida en que todos asumamos nuestra cuota de responsabilidad en nuestras acciones diarias, podremos construir un mejor país para todos. No podemos tirarles la piedra a otros si la piedra está en nuestro zapato. Allí donde más incomoda y donde no queremos que otros la vean.

*Abogado. Colaborador de El Diario de Hoy.

@Arevalo_Rengifo