Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

Con la misma vara, señor Presidente

En un país con tantas necesidades como el nuestro, señor Presidente, sin duda deberíamos considerar criminal a quien estira la mano para apropiarse de fondos públicos. Es de elemental justicia pedir explicaciones a los funcionarios que manejan dinero de los contribuyentes destinado a aliviar situaciones de pobreza o inequidad. Por eso es que cualquier reclamo ciudadano por la transparencia gubernamental es legítimo y debería ser atendido con absoluta seriedad.

Su cruzada personal contra la corrupción en las administraciones de ARENA es loable y yo la aplaudo. Coincido con usted, por ejemplo, en que el expresidente Flores debería responder por el emplazamiento público que le ha hecho a partir de documentos confidenciales. Si existen indicios para investigar, hay que investigar. El que para denunciar un posible desvío de fondos usted haya violado procedimientos estrictos no altera el hecho que podría tratarse de corrupción. Flores debería responder por la imputación, y usted, por haber roto acuerdos de confidencialidad, debería explicar cómo obtuvo la información. Así funciona la transparencia.

Pero seamos claros, Presidente: sus personales criterios para denunciar la corrupción tienen alcances muy evidentes y límites muy extraños. Quienes le vimos criticar duramente a Tony Saca cuando usted era periodista hoy nos preguntamos qué fue de todas aquellas denuncias. ¿O es que llegó a la silla presidencial y se dio cuenta, de repente, que su predecesor no merecía ninguno de los señalamientos que le hizo?

Y no se enoje, Presidente. Es usted quien está colocando la vara bien alta para que los salvadoreños aprendamos a juzgar la corrupción. Sus iracundos y cada vez más desaforados ataques contra ARENA y Francisco Flores están elevando los estándares con los que usted mismo tendría que estar siendo evaluado. "Con el juicio con que juzguéis se os juzgará, y con la medida con que midáis se os medirá". Esta célebre sentencia bíblica yo la aplico a la justicia de Dios, que es más exacta, pero créame que muchos se sentirán tentados a recordársela cuando no haya fuero que cobije ninguna de sus palabras y ninguna de sus acciones.

El 28 de julio de 2008, en Canal 33, usted afirmó que el gobierno de Saca dilapidaba recursos públicos: "El área más evidente de gasto innecesario, la que produce menos réditos sociales y únicamente permite construir una imagen conveniente para el partido de turno, es el gasto en propaganda". ¿Recuerda sus propias palabras, Presidente? En aquella ocasión usted dijo que 240 mil dólares habían salido del Ministerio de Hacienda para publicar coloridos suplementos de autoalabanza gubernamental en tres periódicos. Aseguró que con ese dinero se hubiera podido comprar tres ambulancias o fortalecer el presupuesto de la red hospitalaria nacional. ¿Lo recuerda?

¿Puede usted decirnos cuánto se ha gastado en esa intensiva campaña oficialista que se titula "Buenos cambios. Presidencia Funes"? ¿Ya hizo el cálculo de cuántas ambulancias se habría podido comprar con esos fondos, o cuántos hospitales nacionales podrían haberse equipado con el dinero que durante los primeros años de su mandato se entregó a la empresa Polistepeque? Ah, por cierto, ¿puede explicarnos por qué esta agencia llegó a manejar la publicidad simultánea de más de una decena de instituciones sin que mediara un proceso de licitación pública?

Seguimos desconociendo, Presidente, cuál es el gasto de su gestión en la producción de anuncios y en la colocación de pauta publicitaria. Tampoco estamos enterados de cuánto nos cuesta ese programa sabatino en el que usted despotrica contra medio país. Y nadie supo nunca a quién pertenecía el avión en que viajaron usted y su familia para visitar Disney World en 2011. En cuanto al generoso "préstamo" o "donativo" de don Nico Salume, ¿sabía usted que lo que justamente agrava su responsabilidad ética es que la deuda fuera condonada cuando ya había sido electo?

Está alta la vara, ¿verdad, Presidente? Lo bueno es que usted se encuentra en el espejo, todas las mañanas, con quien nos ha ayudado a ponerla allí.

*Escritor y columnista de El Diario de Hoy.