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Con especial dedicatoria

Aun en los momentos más difíciles es posible --y necesario-- encontrar algo que nos dé serenidad y optimismo. Otro año termina y muchos se preguntan qué traerá el que viene. Para los que lo esperan con ansiedad o temor hay que insistir en que si este mundo nuestro ha prevalecido hasta hoy es porque en él hay más cosas buenas que malas. Lo que sucede es que lo negativo es a veces tan abrumador que no nos permite distinguir todo lo bueno que hay. Es esencial verlo y no es difícil, pues lo bueno está en todas partes; sólo hay que detenerse un momento y poner atención. Para estas festividades de Navidad y Año Nuevo ese el mensaje a transmitir. Por mi parte no lo voy a hacer sólo con palabras, hay otro medio que toca más directamente las emociones.

Siempre me ha gustado la música. Escucho música de todo género, desde lo más simple y popular hasta, sin ser un conocedor, lo clásico y elevado. Mi objetivo es simplemente acompañar algunos momentos con los sentimientos que la música despierta. El rock me mueve los sentidos, lo clásico me da la sensación de trascendencia. Hay canciones para avivar el espíritu, para pensar, para recordar, para olvidar…

¿Cuál es mi música favorita? No la tengo, como he dicho depende del momento. ¿Cuál mi canción favorita? Depende del género. Pero hay entre todas una canción que la tengo colocada en un lugar especial. La escucho en diversas situaciones pero me es especialmente grata en los momentos que busco recuperar la esperanza y la fe en la Humanidad. Esta canción produce varios efectos. Calma los períodos de tribulación, me llena de optimismo y, a veces, también de nostalgia. Por ciertas razones me hace recordar a mi padre, y su letra me recuerda la forma que tenía mi madre de ver el mundo.

What a wonderful world es una canción de los sesenta, compuesta por Bob Thiele y George Weiss. El intérprete es Louis Armstrong. De entrada llama la atención cómo armoniza a la perfección la áspera voz de Armstrong con la suavidad y delicadeza de la melodía. Letra y música combinan también perfectamente, y hay que poner atención a la letra para percibir el efecto mágico que produce esta canción a quien la escucha. Pues no estoy solo en esta preferencia, hay infinidad de personas a quienes esta canción inspira los mismos sentimientos y les hace meditar lo mismo.

A mí me hace meditar en la grandeza, en lo sublime de la Creación; en el fondo bueno que existe en toda persona y en la buena voluntad que prevalece en cada una.

Por supuesto que como humano me invade a veces la cólera, la decepción, la indignación por las cosas que veo en otros. Las pequeñeces, las miserias, la ingratitud, la deslealtad y la falta de carácter que son tan abundantes. Y también como humano que no está exento de errores, los que veo en mí mismo. Pues esta canción ha sido un perfecto antídoto para esos nubarrones, para esos momentos de duda y frustración.

Con la esperanza de que pueda también causar un efecto parecido en mis lectores, se las recomiendo. La pueden escuchar en YouTube; hay versiones con letra (inglés y español). Este es mi regalo para ustedes, junto con mis mejores deseos de una feliz Navidad y un grato año nuevo.

*Médico psiquiatra.

Columnista de El Diario de Hoy.