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Componentes para una política de prevención a la violencia

Desde hace años se ha señalado que la raíz de la violencia de las pandillas se encuentra en el alto nivel de marginación social. A mayor marginación, mayor propensión de niños y jóvenes a la incorporación militante a las pandillas. La marginación crea las condiciones para el surgimiento de la violencia. A esas condiciones se les llama factores de riesgo y su combinación produce el fenómeno de las pandillas que ahora tenemos en Guatemala, Honduras y El Salvador.

Una política de prevención a la violencia demanda el desmontaje de los factores de riesgo, es decir, mitigar las condiciones de marginación. El éxito dependerá del mayor o menor nivel de mitigación que se pueda lograr. Dado que las condiciones de marginación son de carácter estructural, la prevención de la violencia debe necesariamente tener un carácter sostenido, sistemático y creciente. Si de soluciones realistas se trata no hay ninguna al corto plazo.

Para paliar las condiciones de marginación se necesita un modelo económico productivo que no esté basado en las remesas, la dependencia y el consumo.

Se deben propiciar para la juventud oportunidades de trabajo que superen la tentación fácil de la extorsión y el robo. Un programa masivo de choque contra la desnutrición. Un sistema de salud preventivo, humano y eficiente. Un plan de educación adecuado, dotado y competente. Mano dura a la corrupción en el área pública y privada. Una política de recaudación fiscal justa, valiente y consciente. Un plan agresivo para reducir el déficit de vivienda nacional. Una policía comunitaria, profesional y dotada de recursos. Un sistema de justicia que en verdad sea pronto, científico e insobornable. Una ley de control de armas que responda a nuestra despiadada realidad. Enseñanza de valores por medio de la potenciación de modelos vivientes de honradez, paternidad responsable y justicia. Oportunidades para el deporte y la recreación, para el arte y la cultura.

Estos puntos, entre otros, se mencionan para mostrar que la reducción de la violencia sólo se logrará por un esfuerzo decidido de colocar el tema en su justa dimensión e invertir el empeño que demanda. Las encuestas de opinión continúan señalando que el tema de la delincuencia es el que más aqueja a la ciudadanía por encima de las dificultades económicas. Por delincuencia, los entrevistados entienden las expresiones violentas de las pandillas y no las del narcotráfico y crimen organizado que, por inercia perezosa, terminan atribuyéndose también a las pandillas.

No obstante, el tema que más agobia a los salvadoreños solamente recibe una mención marginal en los planes de gobierno que los candidatos a la Presidencia de la República han ofrecido hasta hoy. En ellos, se presenta como solución emblemática el incremento numérico de los agentes de la policía, y cuando se habla de prevención se hace de manera tan vaga que no llega ni a intento frente a la complejidad y la centralidad con que el tema debe acogerse.

Es verdad que para solucionar el problema de la violencia la prevención debe combinarse con la represión; pero si el énfasis se coloca en la represión a soslayo de la prevención solamente se logrará potenciar el delito como nuestra historia reciente lo demuestra. Sólo una política integral de prevención será la que aliviará nuestro problema crónico de violencia, muerte e impunidad.

*Pastor general de la misión cristiana Elim.