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Como el original

¿Qué no hubo un gran escándalo para que viniera el grupo musical U2 a El Salvador? Hasta se montó una campaña denominada "U2 vení", que vimos en posters en todos los rincones de la ciudad y escuchamos en la radio. Pues el grupo vino a El Salvador y dio un concierto, y relativamente pocos llegaron al anfiteatro de CIFCO, que tenía menos del 50 por ciento de ocupación.

Bueno, el que vino no fue precisamente el U2 original, que ni siquiera pareció enterarse de la campaña, sino el grupo norteamericano L.A.Viation que es una copia (impersonation dicen en inglés) del mítico grupo irlandés. Yo, que no soy demasiado exigente, y en materia musical prefiero una buena copia a nada, los fui a ver y no quedé para nada defraudado. Previamente había hecho mi tarea e investigué sobre este grupo. Los cuatro "personificadores" son músicos de alto nivel, músicos académicos, que cuentan, además de su talento, con un equipo de sonido de primerísima calidad, incluyendo un bajo de 5 cuerdas Lakland, igual al del bajista original. El baterista, el holandés Jorgen Ingmar Alofs, es también un arreglista consumado y ha tocado entre otros para Stevie Wonder. Todos los integrantes poseen antecedentes respetables.

Salieron al escenario. El parecido físico es bastante cercano (John Clasick, el bajista que personifica a Adam Clayton, es simplemente idéntico). Pero no era esto lo que me importaba sino la música, y en cuanto a la interpretación mis expectativas fueron superadas.

En cierto sentido fue mejor este concierto que el del grupo original. Los grupos originales, siempre pendientes de su vigencia, a la hora de los conciertos tocan música de los álbumes recientes, que el público casi nunca conoce. Tampoco tocan todas las canciones por los que los hemos llegado a ver, dejando alguna dosis de frustración. Y cuando tocan aquellas por los que los hemos llegado a ver muchas veces lo hacen de una forma tan diferente que no se le siente la misma gracia. Eso no pasó aquí. L.A. Viation tocó todo lo que debían tocar, todas las que eran. Así que los asistentes, en su mayoría de mi generación, que seguimos a U2 desde sus inicios tuvimos una forma de recorrer el tiempo con emoción y nostalgia.

Fue un excelente concierto. Un espacio memorable en el que tuvimos la oportunidad de dejar a un lado la realidad cotidiana la cual no es siempre lo mejor para la salud mental. A veces es necesario alejarse, al menos mentalmente, del ruido diario y dejar volar la imaginación.

Llegando casi al final, Jason James Thiesen, que personifica a Bono, como una muestra de agradecimiento, tomó una bandera y se la puso a manera de capa. El único detalle fue que era la bandera de México. Pero eso se le perdonó fácilmente, tanto por el concierto dado porque sabemos que los músicos en sus giras a veces no saben ni dónde están. Después alguien del público le dio la bandera salvadoreña.

De todo lo bueno surgen copias. Hay copias malas y buenas. En las calles de Nueva York se pueden comprar relojes Rolex a 10 dólares. Pero también hay copias de Rolex de 500 dólares, que necesitan de un conocedor para advertir la diferencia. Este grupo es una excelente copia, poco distinguible del original. El término no es adecuado ni justo, por lo que mejor nombran su actuación "Un Tributo a U2", que es realmente lo que vimos.

*Médico psiquiatra.

Columnista de El Diario de Hoy.