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¿Cómo educar al pueblo?

Al afirmar que educar al pueblo es un reto muy difícil, no se hace referencia a la escasa calidad educativa que el MINED ofrece a niños y jóvenes del país, lo que se evidencia en el penoso 5.3 de la PAES, la nula inversión en capacitación de profesores y la deficiente preparación de los bachilleres que pretenden ingresar a las universidades. Se trata de la complicada tarea de educar a esa enorme masa de adultos, generalmente con poca instrucción, pero mercado ideal de los políticos populistas, porque su voto los mantendrá en el poder y les dará altos índices de popularidad.

El caso de Chile es una clara evidencia de este fenómeno. El presidente Sebastián Piñera, al terminar su período presidencial, deja a su país en la frontera del primer mundo, con un crecimiento económico sostenido de un 6%, pero con los índices más bajos de popularidad. Su probable sucesora, Bachelet, tuvo como una de sus más exitosas promesas de campaña la gratuidad de la educación universitaria, incluso en instituciones privadas, cediendo así a las protestas de los jóvenes que asisten a universidades estatales, exigiendo gratis el mismo nivel educativo de excelencia, que priva en el sector privado. Por supuesto que para estas masas, la idea de la exigencia académica y de la capacidad intelectual de cada uno, no cuenta.

La realidad salvadoreña refuerza estos argumentos. El FMLN durante estos desastrosos cinco años, no ha hecho nada por mejorar la calidad de la educación, ni capacitando a profesores, ni mejorando sus salarios, ni dotando a las escuelas de una infraestructura decente y del material didáctico adecuado. Su política educativa ha sido derrochar millones en uniformes, zapatos y útiles escolares, logrando así una generación de "ignorantes bien vestidos", con mamás satisfechas y dispuestas a seguir votando por el Frente, siempre con la mano extendida para recibir todo lo que a los candidatos populistas se les antoje regalar.

Se mantiene así una generación de personas carentes de ambición, de deseo de mejora, de interés por luchar por alcanzar una mejor calidad de vida, de que sus hijos mediante su esfuerzo propio, puedan superar los niveles de pobreza y subdesarrollo en que les tocó nacer. La dosis de odio de clases, es un componente importante en esta estrategia demagógica, ya que siembra en el pueblo la certeza de que sus carencias se deben al abuso de los que tienen más, que lo han obtenido sin esfuerzo alguno, sino quitándoles a ellos lo necesario para subsistir. Y que los programas sociales, el logro más grande del gobierno, continuarán si el pueblo les sigue premiando con sus votos, para perpetuarse en el poder disfrutando de altos índices de popularidad, y por añadidura, de mayores niveles de enriquecimiento personal, que se refleja en sus ostentosos estilos de vida, que antes jamás tuvieron, y que tanto le cuesta comprender al Presidente Funes.

La millonaria campaña del FMLN, ALBA y el gobierno de Funes, sobre los enormes logros de los programas de educación, son totalmente falsos, pero cumplen el propósito de mantener al pueblo engañado y en la ignorancia. Es, pues, una obligación impostergable educar al pueblo para transformar ese estado de autocompasión en una visión de largo plazo, mediante una sólida formación en valores. Sólo las virtudes de la fortaleza, reciedumbre, laboriosidad y perseverancia les llevará a valorar el trabajo bien hecho como la única manera de soñar en grande para alcanzar para sus hijos una mejor calidad de vida. ¿Tendremos un futuro gobierno capaz de aceptar este ambicioso reto?

Columnista de El Diario de Hoy.