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Cómo dominar el mundo... a través del clima

Cada vez está más claro que los expertos en el clima no creen en los dogmas de que el CO2 que expulsamos los humanos y nuestras industrias están calentando la Tierra peligrosamente. Algunos de ellos, valientes, refutan públicamente esos dogmas

Uno se sorprende cómo la propaganda del IPCC sobre el calentamiento global es aceptada por muchísima gente sin sospechar que todo es una mentira bien trabajada por un potente e insistente sistema de propaganda.

«Día a día el mismo Mantra, que ‘la Tierra se está calentando’ es expresado en todas sus formas. A medida que ‘el hielo se derrite’ y ‘el nivel del mar sube’, el Apocalipsis se acerca cada vez más. Sin darse cuenta, y quizás sin desearlo, el ciudadano común es aporreado, lobotomizado, atontado hasta una irracional aceptación…» Son palabras de Marcel Leroux, director del Laboratorio de Climatología, Riesgos y Ambiente en Lyon (Francia). El Jefe de Meteorología Eugenio Hackbart, del Centro Meteorológico MetSul en Sao Leopoldo, Río Grande do Sul, declara: “Los medios están promoviendo una histeria sin precedentes en relación al calentamiento global. Los medios y muchos científicos están ignorando hechos muy importantes que apuntan a una variación natural del sistema climático como la causa del reciente calentamiento global”, Dr. Kelvin Kemm, excientífico de la Corporación Atómica de Sudáfrica, quien tiene títulos en física nuclear y matemáticas dice: “La manía del calentamiento global sigue con más y más propaganda, y menos y menos pensamiento”. Dr. Zbigniew Jaworowski, Presidente del Laboratorio Central de Protección Radiológica de Varsovia, declara: “Y así nos encontramos en la situación de que toda la teoría del calentamiento global causado por el hombre -–con sus repercusiones en la ciencia, y sus importantes consecuencias para la política y la economía mundial-- está basada en estudios de los cilindros de hielo que suministran una imagen falsa de los niveles atmosféricos del CO2”.
 
Cada vez está más claro que los expertos en el clima no creen en los dogmas de que el CO2 que expulsamos los humanos y nuestras industrias están calentando la Tierra peligrosamente. Algunos de ellos, valientes, refutan públicamente esos dogmas; otros están metidos de alguna manera en “el negocio” y otros muchos no creen pero guardan silencio por miedo a las represalias, ya que el IPCC funciona como una fanática secta ecologista, “de religión atea”, que castiga duramente, de algún modo a todos los “herejes”. 

La realidad, medio oculta, es que el clima es un pretexto, como lo dejó bien claro Ottmar Georg Edenhofer profesor de lo Económico del Cambio Climático en la Technical University de Berlín y uno de los codirectores del IPCC. Él tampoco duda de la finalidad de todo este fraude y de su próximo capítulo, la farsa que harán en la próxima reunión en París. El 14 de noviembre del 2010 había declarado al diario Neue Zürcher Zeitung con toda sinceridad: “Uno tiene que librarse de la ilusión de que la política internacional es una política ambiental. La política climática ya no tiene nada qué ver con la protección del ambiente, con problemas como la deforestación o el agujero de ozono”. La próxima cumbre del clima en Cancún es realmente una cumbre económica donde se negociará la distribución de los recursos naturales del mundo. (…) Uno tiene que decir claramente que nosotros redistribuimos, de hecho, la riqueza del mundo por medio de la política ambiental…” tenemos que liberarnos de la ilusión que la política del clima mundial es política ambiental. En vez de ello la política del cambio climático trata de la manera en que redistribuimos, de facto, la riqueza del mundo (…) Esto ya no tiene nada qué ver con política ambiental”.

El otro directivo del IPCC, Hans Joachim Schellnhuber, ya declaró en 2009: “de una manera muy cínica, es un triunfo para la ciencia porque por fin hemos estabilizado algo, a saber, las estimaciones de la capacidad de carga del planeta, es decir, por debajo de 1 mil millones de personas”. El resto, 6.000 millones, por lo visto, sobran y habrá que ver qué se hace para que desaparezcan. Yo pienso que los que sobran son todos los Edenhofers y los Schellnhubers.

*Dr. en Medicina.
Columnista de El Diario de Hoy.
luchofcuervo@gmail.com