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Cómo disminuir la agresividad

Cuenta el publicista Richard Earle, en su libro "The Art of Cause Marketing", cómo la tragedia terrorista de las torres gemelas en Nueva York detuvo y cambió el enfoque de campañas publicitarias que estaban por lanzarse; igualmente sucedió con programas y series de televisión (incluso comedias), reformadas a fin de no profundizar el temor, la ira y el dolor de la población sino, por el contrario, levantar su espíritu, fortaleciendo los valores patrios y espirituales de los estadounidenses.

Es decir, cada quien, desde su campo de acción, tomó responsablemente la decisión de actuar de esa manera. No fue algo impuesto, ni tampoco liderado por alguien en particular; fue la reacción de individuos que, desde pequeñitos, fueron educados con civismo. Eso es lo que deseo destacar en este artículo: la reacción mediática responsable, patriótica, prudente y oportuna con que se enfocó esa tragedia, esperando que obtengamos algunas enseñanzas.

Enseñanzas que no aplican ni al gobierno ni a sus funcionarios, porque no viven en El Salvador, ni siquiera comparten nuestros próceres, los suyos son el comandante Hugo Chávez, junto a Fidel, el Che, Sandino, monseñor Romero, Schafik y Farabundo Martí, según expuso Medardo González en la convención del FMLN. Tampoco comparten nuestra historia, mucho menos van a compartir nuestros problemas. Ellos habitan en un país irreal, sin la violencia, pobreza y desmadre que sufrimos en El Salvador.

Pero sí aplican a nuestros empresarios, quienes viven, diariamente, nuestras mismas vicisitudes y dolorosas experiencias.

El empresario no es policía, diputado, juez ni funcionario público (aunque con sus impuestos pague sus salarios). Pero puede hacer tanto o más que todos ellos, a través de su publicidad y mercadeo. Richard Earle asegura que, mediante estos, pueden cambiarse actitudes personales y grupales.

La pregunta es: ¿y eso resolverá nuestros gravísimos problemas?

Claro que no, pero será un primer paso al lograr un mejor ambiente social, con menos agresividad y más empatía, lo que sería, definitivamente, una enorme ganancia.

Por ejemplo, quienes están en el rubro automovilístico (distribuidores, gasolineras, lubricantes, repuestos, etc.) pueden enfocar su publicidad en procurar que seamos mejores automovilistas y respetemos las leyes de tránsito. Los constructores y agricultores, fomentar el amor al trabajo y a la tierra. Los negocios de comida, representar que divertirse responsablemente es "cool". Los productos de limpieza, mostrar hogares relucientes, porque allí hay unión, respeto, solidaridad y cortesía. Y todos pueden patrocinar programas culturales o programas cuyos héroes fomenten valores, alcanzando el éxito dentro del buen camino.

Con la creatividad e inteligencia de nuestros publicistas, cada producto anunciado, cada programa patrocinado, impulsarán una cultura de paz, tan necesaria para contrarrestar la perenne campaña gubernamental de odio de clases a que estamos sometidos.

Aprovecho para felicitar --y los pongo como ejemplos-- al Banco Agrícola, por su bella y perenne campaña en rescate de nuestra identidad. Y a Supermercados Selectos por sus anuncios mostrando tantos momentos -- gratos y llenos de ternura-- que la vida diaria nos proporciona. Si todos enfocaran su publicidad en mensajes como estos, paulatinamente regresaríamos a tratarnos con urbanidad, sin agresividad.

El gobierno, ya sea por incapacidad o porque la violencia y el caos convienen a sus intereses, no hace nada por mejorar nuestras actitudes. Pero tengo fe en los empresarios. Ellos, como lo han hecho siempre, sí trabajarán por el bien de nuestro país.