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¿Cómo cambiar si no escuchamos?

Hace unos días estuve presente en una reunión donde un politólogo afirmaba que, ante los resultados electorales, los partidos políticos perdedores, en especial ARENA, debían estudiar lo que sus contrincantes estuvieran haciendo bien. La reacción inmediata de la mayoría presente de este partido político fue afirmar que nada están haciendo bien y que los votantes le dan su preferencia al FMLN por ignorancia o estupidez.

No habrá manera en el mundo de revertir las tendencias si no aprendemos a escuchar al electorado. No sirve para definir la estrategia política solo desacreditar al adversario. Se deben estudiar los datos de la realidad y se debe aprender a escuchar a la ciudadanía. Para efectos prácticos ignoraré las razones de la negativa del Frente para abrir las urnas y probar con legitimidad, no únicamente legalidad, que efectivamente habían ganado las elecciones.

Con la información disponible, en la segunda vuelta de las elecciones pasadas votamos un poco menos de tres millones de personas. De ellas el 50.1% votó por el FMLN y el 49.9% por ARENA. Con base en estos datos, se afirma que la sociedad salvadoreña está dividida y que no puede gobernarse con el 50% de la población en contra. Se nos olvida que hubo casi dos millones de personas que se quedaron en casa, sin votar. Un 40% del padrón electoral (4.955 millones de personas), según la información del acta de escrutinio final.

Únicamente 30.2% votó por el FMLN y 30.1% por ARENA. Lo que primero que debemos resolver es por qué el 40% de la población no asistió a las urnas. ¿Qué ha pasado en la política nacional que ha creado ese nivel de desinterés? ¿Por qué una buena parte de la población ha comenzado a perder la fe en la democracia y en las instituciones democráticas? ¿Por qué rehúsan usar el arma más poderosa de los hombres y mujeres libres?

Se ha cultivado mucho escepticismo al interior de la ciudadanía con el apoyo de temas como la corrupción, la compra de voluntades, la falta de ética en la gestión de muchos funcionarios, el aprecio por la cultura del más vivo, el cinismo de muchos políticos. ¿Cómo es posible que el diputado que se invitó solo a España siga siendo diputado y no imputado? ¿Con qué cara hay diputados que han transitado por más de tres partidos políticos y siguen estando en la Asamblea?

Y no podremos recuperar a este 40% si no trabajamos también en entender por qué un 30% votó por el FMLN. Hay personas que creen en el Frente, aunque el tema de Alba ha comenzado a dañar su credibilidad. Hay otras que están allí únicamente por revanchismo. Habrá algunas que se creyeron la estrategia mediática del ex presidente Funes de convertir arbitrarios casos en símbolo de su lucha contra la corrupción. ¡Paja en el ojo ajeno! También algunas se vieron afectadas por el deterioro moral que ARENA mostraba desde tiempos del ex presidente Saca. Y de ese 30% hay un porcentaje importante que creía que el Frente tenía mejores posibilidades de fortalecer la democracia. Ahora ya se han dado cuenta que no es así.

Nos hace falta subir la barda de la calidad y las expectativas. Como sociedad ya nos hemos acomodado a la podredumbre. ¿Cómo asombrarse por el olor a cloaca si es lo que esperamos y creemos merecer? El reto para los nuevos políticos es precisamente cambiar las expectativas, comenzar a construir una nueva esperanza, transmitir en la acción más que en el verbo el compromiso con los demás. ¿Qué tan difícil es comunicar que efectivamente no tenemos futuro como país mientras todos nuestros niños tengan futuro? Si tu hijo no tiene futuro, el mío tampoco. Así de simple es el mensaje de la solidaridad. Debemos aprender a escuchar, pero también debemos estar dispuestos a cambiar. Ahora es cuándo.

*Columnista de El Diario de Hoy.