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¿Cómo aguantan a los socialistas del Siglo XXI?

La situación económica de Venezuela es tan catastrófica que uno se pregunta cómo es posible que los socialistas del Siglo XXI puedan sacar siquiera un voto en las elecciones: la inflación galopante, las escaseces de bienes esenciales, la devaluación continua de la moneda en el mercado negro, la dificultad enorme para conseguir dólares en el mercado oficial, el colapso de la producción en general y la terrible incompetencia gubernamental que hace que todos estos problemas se den cuando el país debería de estar creciendo muy rápidamente por el boom petrolero conforman una situación insoportable.

Si a esto se le suma el caos político generado por un presidente errático y excéntrico hasta los límites de la sanidad mental, lo menos que uno pudiera esperar sería que en las primeras elecciones disponibles el pueblo venezolano los hubiera expulsado del gobierno. El hecho que todavía consigan votos y sigan en el poder es realmente sorprendente, aun si uno toma en cuenta que han establecido reglas que les dan ventaja en las elecciones.

La explicación es que hay dos caminos al poder. Uno es el fácilmente entendible, que da el triunfo a los políticos que son más efectivos en mejorarle la condición económica y social a la población. El otro es el opuesto, que pasa por ahogar a la gente económicamente para que den gracias por lo poco que tienen a un líder o un partido político que se los da como una dádiva, no como algo que ellos se lo ganan. Este es el camino en el que cubanos y venezolanos se han vuelto grandes expertos.

El proceso por el cual los regímenes totalitarios crean y consolidan su poder tiene varios componentes. Primero, destruyen sistemáticamente las fuentes de riqueza para que el pueblo esté muy necesitado y no tenga las energías ni los medios para hacer cualquier oposición política. La gente en Venezuela está concentrada en sobrevivir el día de hoy, lo cual no les permite buscar soluciones de largo plazo a sus problemas. Segundo, monopolizan en el Estado los recursos que quedan para que la gente tenga que acudir al Estado para recibirlos. Tercero, dejan que la seguridad personal se vuelva escasa también para que pueda obtenerse sólo a través de favores especiales del Estado. Cuarto, eliminan a cualquier opositor que alce su cabeza para protestar a través de la intimidación y la coerción física. Dentro de esta dimensión está la demonización de cualquier idea que contradiga las usadas por los tiranos para mantener su control de la población, culpándolas de todos los males que azotan al país. Así, como hacía Stalin, Mao y otros pioneros del comunismo, estos tiranos culpan a la democracia y al capitalismo de todos los problemas que su propia incompetencia y su propia ideología causan a sus países. Sexto, la proyección de una imagen de invencibilidad para que la gente sienta que, haga o lo que haga, le guste o no le guste, los tiranos van a ganar siempre y van a controlarle la vida, por lo que la única manera de sobrevivir es ser servil a ellos.

Esta lógica del poder es opuesta a la que rige las sociedades saludables. En vez de ayudar a aumentar los bienes y servicios que recibe la población en sus actividades normales, los tiranos buscan restringir el acceso a estos bienes y servicios para luego canalizar los pocos de ellos que queden a través del clientelismo político. La clave para obtener seguridad e ingresos en este sistema no está en ser eficiente en la producción sino en ser serviles a los tiranos.

De esta forma, los tiranos van transformando la mentalidad de la gente, de la de personas libres a la de los esclavos que dependen de sus amos para sobrevivir. Este sistema lo perfeccionaron los regímenes comunistas durante todo el Siglo XX, creando sociedades esclavas, dependientes, y con pobre acceso a bienes y servicios.

Cuba es el ejemplo latinoamericano de hasta dónde estas sociedades pueden llegar en su abyecta dependencia. Venezuela está bastante avanzada en ese camino. Nosotros no debemos tomarlo jamás.

*Máster en Economía,

Northwestern University.

Columnista de El Diario de Hoy.