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Comercio, geopolítica y lealtad

La deformante cumbre venezolana del Mercosur lo ha convertido en una entidad política y caja de resonancia del Alba y sus socios: Petrocaribe y Caricom. Ocurrió poco después de que los BRICS se reunieron en Fortaleza --donde lanzaron un banco de desarrollo con un fondo contingente de reservas-- y de los sugestivos itinerarios que siguieron las visitas de los jerarcas ruso y chino por esta región, a la que se han propuesto involucrar en las turbulencias de la geopolítica mundial --de las que hasta ahora nos habíamos librado.

No imaginaron entonces la sorpresa que Putin les reservaba. A pesar de las merecidas sanciones a Rusia por la anexión de Crimea y sus prepotencias en Ucrania, Occidente presenció estupefacto la destrucción del avión de Malaysia Airlines por un misil disparado desde el territorio que controlan las milicias prorrusas en Ucrania. El horror de esta atrocidad --y la imposibilidad de investigarla in situ-- impuso el endurecimiento de las sanciones de EE. UU. y la Unión Europea para contener los crecientes excesos del Kremlin.

Pero Vladimir Putin, el zar post-soviético de todas las Rusias, decidió escalar la confrontación y declarar una guerra comercial a Occidente en pleno Siglo XXI. Prohibió las importaciones de alimentos provenientes de la UE --su principal socio comercial-- y de EE. UU. Enseguida comenzó a gestionar importaciones de los países sudamericanos que visitó antes y después de la cumbre de los BRICS.

Además de anacrónicas, unas medidas tan extremas no solo agudizan la confrontación con Occidente sino que constituyen una grosera violación a la normatividad de la Organización Mundial de Comercio, a la que, después de una larga y dura negociación, Rusia recién accedió en agosto del 2012.

No hay duda de que el nuevo Mercosur y los BRICS se convertirán en aliados principales y/o financiadores de Putin. Argentina y Brasil se beneficiarán con nuevas exportaciones de granos y carne al mercado ruso, lo que multiplicará sus motivos para justificar sus alianzas y su juego geopolítico global. Esperemos que consideren seriamente las complicaciones en que pueden incurrir por ayudar al Kremlin a evitar los efectos de sanciones económicas y tecnológicas, especialmente si se cruzan con la intermediación bancaria en las transacciones y pagos derivados de operaciones comerciales.

Paralelamente, el ministro de Comercio del Brasil ha reiterado una propuesta que parece destinada a desunir la Alianza del Pacífico, pues solo está dirigida a sus tres miembros sudamericanos, ignorando a un socio tan importante como México. Lo que nos han propuesto es una "integración productiva" --¿al estilo militar/desarrollista de los años 70?--, reiterando, desconcertantemente, que "Brasil no puede ser un país importador" --una reafirmación innecesaria del arraigado proteccionismo de nuestro gran vecino.

La fortaleza de la Alianza del Pacífico está en sus políticas económicas y comerciales abiertas, convergentes y consistentes. Lo prioritario es mantenerlas con lealtad, y no desviarnos de esa ruta bien trazada. Menos aún dejando fuera a uno de sus socios fundadores. (Firmas Press).

*Embajador peruano.