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Combatamos la violencia: ¡Fortalezcamos las familias!

La ÚNICA manera en que El Salvador va a empezar a salir del problema de la violencia es FORTALECIENDO LAS FAMILIAS. No con basuras como la ideología de género o palabrejas oscuras como "inclusión" y "equidad", a las que los representantes del desorden moral y la destrucción social dan el significado que se les antoja de acuerdo a la ocasión.

Necesitamos pasar del discurso trasnochado y anacrónico de los políticos, de todos los colores, a acciones concretas y vigorosas que permitan a los padres criar a sus hijos de acuerdo a su FE, sin la intervención del Estado y en este punto es esencial sacar de las escuelas y colegios, públicos y privados, esos "materiales de estudio" que son más dignos de un lupanar que de un centro de formación y que sólo motivan el desenfreno y el hedonismo.

Debemos ser creativos y encontrar las formas para que las familias cuenten con el tiempo necesario para estar juntos y que se pueda dar esa tradición, como en el italiano "tradere": transmitir los valores éticos y morales sobre los que una vez se fundó nuestra nación. No es cuestión de inventarse el "agua azucarada", muchas empresas privadas e incluso algunas gubernamentales ya tienen políticas claras y acciones concretas, es cosa de ponerlos en común y que juntos, empresarios, políticos y ciudadanos, nos comprometamos en cumplirlas a sabiendas que de eso depende nuestro bienestar.

Es urgente que los medios de comunicación y quienes se dedican al entretenimiento, revisen los materiales que van a difundir en una sociedad que es cada día más violenta y promiscua, pensando un poco menos en el lucro y un poquito más en el bien común. Canciones que incitan a la violencia y a degradar a la mujer; series y películas que presentan como normales las situaciones más extremas; caricaturas de seres idiotizados sólo contribuyen a desarticular la armonía familiar y eso desemboca inevitablemente en conductas anti sociales.

En El Salvador la fe es cuestión de vida o muerte y las iglesias, de cualquier culto o denominación, juegan un papel importantísimo en la formación de los ciudadanos. Su influencia, más allá de las sórdidas y trilladas criticas de herejes, apóstatas y ateos, siempre ha sido de sano beneficio para quienes tenemos la bendición de pertenecer a una de ellas. El dialogo inter religioso puede ser el punto de partida de un esfuerzo por refundar nuestro país sobre la firme base del culto y temor a Dios. Recordemos que, sin importar quien lo haya dicho, la familia es la Iglesia doméstica en la que el fervor empieza y en la que primero se cosechan sus frutos.

No menos importante es que, quienes lleguen a ocupar cargos públicos, se comprometan a respetar y promover la familia y no a pretender reinventarla. Aunque les cueste un tanto los políticos tienen que dejar el populismo barato de ofrecer soluciones a todo, porque ya sabemos que son sólo eso: promesas.

Qué bien sería para nuestra democracia una ley que fomentara la unidad familiar y que premiara a las instituciones y empresas que la promuevan o una, por ejemplo, que orientara a la educación en la afectividad y no en la promiscuidad.

El camino no es fácil, tampoco es difícil. Es de ponernos de acuerdo todos, para solucionar un problema que, de verdad, es de todos los salvadoreños.

*Colaborador de El Diario de Hoy.