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La colaboración que construye

En su visita a El Salvador, el presidente Obama no vino a ofrecer dinero. Estaba claro que estimular la dependencia no es la mejor forma de ayudar a los países a salir del subdesarrollo. La experiencia ha sido bastante contundente en este sentido. En lugar de eso propuso apoyar los asocios público privados como herramientas eficaces de progreso y autonomía. Pasó el tiempo y finalmente la Ley de Asocios Público Privados se aprobó en el país, con el consenso de todos los partidos políticos.

Todavía existe recelo en algunos sectores pues la simple mención de lo "privado" les hace crear sospechas y temores. Todavía hay quienes creen que esto es una forma de asociarse con el enemigo. Pero a veces tememos algo simplemente porque no lo conocemos, por tanto la mejor forma de contrarrestar los miedos es informarse.

Los asocios público privados, APP, o PPP por sus siglas en inglés (Public Private Partnerships), no son nada nuevos. Ya existían en el Siglo XIX en Europa. Lo que es nuevo es su forma de implementación, las leyes que los rigen y la investigación que se ha hecho para optimizar su aplicación. No son tampoco exclusivos de ciertos países o tipos de gobierno, y se han implementado en naciones capitalistas y de tendencia socialista. Desde Japón y Brasil hasta Estados Unidos y Noruega, hay experiencia en estos asocios.

En palabras simples los APP son arreglos entre el gobierno y entidades del sector privado con el propósito de proveer infraestructura o servicios. Los gobiernos y el sector privado comparten la inversión, el riesgo, la responsabilidad y las utilidades. La lógica de base es que tanto los gobiernos como el sector privado tienen características particulares que les dan ventajas específicas, las que al final son mutuamente potenciadas.

Un gobierno nacional o local podría, por ejemplo, estar interesado en la construcción de una red ferroviaria. Su interés es utilizarla para el transporte de personas y mercancías y así desarrollar comunidades remotas. No tiene, sin embargo, ni el suficiente dinero ni la experticia para hacerlo. Por el otro lado, existe una compañía especializada en redes ferroviarias. Tiene el capital y la experiencia para hacerla, pero no tiene acceso a los terrenos por donde pasarán las vías. El gobierno y la empresa privada se asocian y la construyen. Llegaron a un acuerdo que resultó de mutuo beneficio. Se benefició el gobierno que ya tiene la red que permite a los ciudadanos transportar sus mercancías y viajar, y que además le aporta dividendos sin haber tenido que invertir en el total de la obra. Y se beneficia la entidad privada que obtiene contratos y ganancias.

Los APP se han utilizado para infinidad de proyectos. Infraestructura como terminales aéreas, estadios, puertos, museos. Servicios como electricidad, seguridad pública, comunicaciones. Las posibilidades son inmensas.

Pero no sólo es de soplar y hacer botellas. Los APP necesitan de un concienzudo análisis, gente que conozca, legislación adecuada y transparencia. Existen, por supuesto, ejemplos de fracasos, pero éstos pueden prevenirse con una buena planificación y con reglas claras.

Con nuestra reciente Ley de Asocios Público Privados, los salvadoreños debemos tomar algunos consejos que resultan lógicos. Debemos, en primer lugar, evitar pensar que se ha inventado la rueda. Hay suficiente experiencia internacional para tomar como base. Es necesario aprender de los éxitos y también de los fracasos de otros. El estudio de la experiencia acumulada es el primer paso.

*Médico psiquiatra.

Columnista de El Diario de Hoy.