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El club de las colas pateadas

Lo llaman la fraternidad más exclusiva del mundo. En su libro The Presidents Club, Nancy Gibbs y Michael Duffy, relatan a través de testimonios, entrevistas y anécdotas la fascinante historia detrás de los lazos que unen a los presidentes de los Estados Unidos. El respeto y reverencia por el cargo al que fueron electos crea relaciones de amistad y confianza entre los pocos individuos que han fungido como presidentes de USA, y es así que el presidente actual busca siempre a los expresidentes para pedir consejo o simplemente buscar apoyo emocional mientras se desempeñan en uno de los empleos más estresantes del mundo.

El club de los presidentes no se basa en ideologías ni en líneas partidarias: es así como el libro relata que Herbert Hoover, republicano, y Harry Truman, demócrata, permanecieron como amigos íntimos hasta el final de sus días. Lo mismo pasó con Bill Clinton y su antecesor, George H.W. Bush, que en más de una ocasión ha revelado públicamente la cariñosa relación que mantiene, casi fraternal, con el responsable de que su administración durara solamente un período.

Es imposible leer el libro sin preguntarse ¿qué tipo de lazo une al presidente y expresidentes de El Salvador? ¿Hay realmente una solidaridad fraterna entre ellos, que los lleva a pedirse consejo o asesoría? El club de los presidentes, que Mauricio Funes intentó institucionalizar a través de un Consejo Consultivo que jamás prosperó, ¿existe en realidad en El Salvador?

Todo pareciera indicar que sí hay una relación entre los presidentes y expresidentes, y obedece más a líneas partidarias y a la búsqueda de la inmunidad en los años venideros que al respeto por el rasgo común de haber ostentado el mismo cargo. El curioso cuidado que pone Mauricio Funes en jamás cuestionar irregularidades financieras y faltas de transparencia en la administración inmediatamente anterior y el estratégico respeto con el que el ahora candidato y ex presidente Tony Saca se expresa del mandatario actual, demuestra que más que club de los presidentes, lo que tenemos es un club de las colas pateadas. Obedece a intereses personales, para que quien ostente el cargo en la actualidad sirva de tapadera a quienes lo ostentaron antes y nunca se revelen al electorado las irregularidades anteriores. También a intereses partidistas, como puede verse en la unión que demuestran los ex presidentes pertenecientes a ARENA, que nunca han cuestionado los conflictos de intereses en ventas de bancos o enriquecimientos de empresas familiares a costa de mercantilismo estatal cuando critican a la administración actual e inmediatamente anterior por corrupción.

Los cuestionamientos a Francisco Flores no vinieron por parte de Mauricio Funes sino hasta que Flores se volvió un actor relevante en la campaña política actual de Norman Quijano. En un uso del Organismo de Inteligencia del Estado para fines políticos que recuerda mucho a los escándalos de Watergate por parte del presidente más corrupto que ha tenido los Estados Unidos, Richard Nixon, el mandatario actual demuestra que sólo usa información en contra de expresidentes si puede obtener de ella beneficios políticos, y no a favor de la transparencia o el combate a la corrupción. Es por eso que con tanto interés interviene el mandatario actual en la campaña política, pues al final del día, es la que define quién será el nuevo miembro del exclusivísimo club de las colas pateadas.

*Lic. en Derecho.

Columnista de El Diario de Hoy.

@crislopezg