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El Climagate, de Inglaterra a Copenhague

Vuelvo atrás sobre lo escrito en mi anterior artículo para dar algunos detalles --pocos, porque el total requeriría varias páginas-- sobre el famoso palo de hockey de Michael Mann, que en su versión II, contó con la participación del profesor Phil Jones, director del CRU (Unidad de Investigación sobre el Clima de la Universidad de East Anglia). El caso estalló después que un hacker entrara en los archivos informáticos del CRU y filtrara miles de e-mails de Jones donde se demostraba manipulación y ocultación de datos para apoyar a la idea del calentamiento global por el CO2 de origen humano. Esa renuncia de Jones, el 2 de diciembre, fue una mala propaganda para la reunión cumbre de la ONU sobre el cambio climático celebrada en Copenhague, a bombo y platillo, entre el 7 y el 18 de diciembre de 2009.

En la inauguración de esa cumbre el presidente del IPCC (Panel Intergubernamental de Cambio Climático), el hindú Rajendra Pachauri, dedicó su discurso a defender la solidez científica de los argumentos de los calentólogos, desoyendo o despreciando las sólidas críticas y datos contundentes que habían hecho contra esa tesis expertos tan prestigiosos como Richard Linzen del MIT (Instituto Tecnológico de Massachussets); John Chisty (que renunció al IPCC por disconformidad con las conclusiones del informe de Londres), Roy Spencer (de la NASA), Paul Driessen, antiguo ecologista y autor de "Green Power, Black Death y muchos otros cuyas declaraciones pueden verse en YouTube en "El gran timo del calentamiento global."

La reunión de Copenhague fue un fracaso científico y político rotundo. El señor Pachauri sería después muy cuestionado por un medio informativo tan serio como The Economist, por sus profecías infundadas sobre el deshielo de los glaciares europeos. Al final de allí no salió ningún acuerdo importante para disminuir el CO2 producido por los seres humanos. Más de un periodista comentó con ironía que hacer la reunión, en invierno y en Dinamarca, había supuesto una emisión considerable de CO2 primero en los aviones, después en las lujosas limousines para trasladar científicos de un lado a otro dentro de Copenhague y para la calefacción de hoteles y centros de reunión. Era el peor sitio con el peor clima… con un enfriamiento no global pero local muy lógico y considerable.

Creo que merece la pena insistir en el otro fraude, protagonizado por el vicepresidente de EE.UU., señor Al Gore. Después de perder en el 2000 la elección presidencial contra George W. Bush, empezó una cruzada apocalíptica contra el CO2 y consiguió con una serie de profecías terroríficas y datos falseados ganar en 2007 el Premio Nobel de la Paz, el Príncipe de Asturias, dos Óscar de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de Hollywood, fama mundial y dinero a espuertas. Ya han pasado siete años y ninguna de sus profecías se han cumplido ni llevan camino de cumplirse. Al contrario han habido nevazones tremendas en el hemisferio norte, no se ha derretido el Ártico, ni los glaciares de Himalaya, ni los océanos han subido siete metros su nivel. Al Gore no ha devuelto su Premio Nobel ni el dinero de ese premio. Y la fábula climática siguió teniendo un desarrollo millonario y dando de comer, y muy bien, a toda la gente que está metida en este turbio negocio. Ya no es un asunto científico sino político.

Ottmar Edenhofer, vicepresidente del Grupo de Trabajo III del IPCC. había declarado el 14 de noviembre de 2010 al Neue Zürcher Zeitung: "Uno tiene que librarse de la ilusión de que la política internacional es una política ambiental. La política climática ya no tiene nada qué ver con la protección del ambiente, con problemas como la deforestación o el agujero de ozono. La próxima cumbre del clima en Cancún es realmente una cumbre económica donde se negociará la distribución de los recursos naturales del mundo".

*Dr. en Medicina.

Columnista de El Diario de Hoy.

luchofcuervo@gmail.com