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Claves para la prevención de la violencia

El tema de la seguridad ya no puede continuar manejándose electoralmente. Hemos llegado a un punto en que se deben dar pasos responsables.

La prevención de la violencia tiene como finalidad evitar que los niños y jóvenes adopten conductas agresivas y cometan delitos. Se requiere una enorme inversión para lograr una política de prevención de la violencia eficaz. Dado que en la actualidad no se cuenta con los recursos suficientes para un plan de prevención amplio, se debe comenzar por lo que es posible hacer.

Cuatro palabras resultan clave para lograr los mejores resultados con recursos limitados: focalización, integralidad, simultaneidad y persistencia. La focalización permite concentrar los esfuerzos en zonas o municipios donde existe una concentración alta de los factores de riesgo que vuelven vulnerables a los niños y jóvenes. Un ejemplo para la selección de los sitios de mayor vulnerabilidad lo ofrece el Plan El Salvador Seguro, que define las zonas de primer abordaje sobre la base de combinar los índices de homicidios con los índices de exclusión.
 
Ambos elementos son críticos desde el punto de vista de los factores de riesgo. La focalización también permite la coordinación de las instituciones en puntos específicos. La coordinación no solamente debe ser de entidades gubernamentales sino también civiles que de manera directa o indirecta trabajan en prevención de la violencia. Parte importante de ese esfuerzo focalizado lo juega la empresa privada. Al concentrar los esfuerzos, los resultados podrán verse de manera más consiste con el paso del tiempo.

La prevención también debe poseer la característica de la integralidad. Se ha dicho hasta la saciedad que la raíz de la violencia es multicausal. Consecuentemente, la prevención de la violencia debe atender a sus múltiples causas. Para que los resultados sean esperanzadores es necesario enfrentar los factores de riesgo sin obviar ninguno de ellos. El construir canchas deportivas e iluminarlas crea espacios necesarios de recreación. Pero ellos serán insuficientes, como ha ocurrido en el pasado, si no se hace nada más que eso. A la construcción de espacios se debe agregar todos los demás factores de protección que permitan avanzar en la construcción de una cultura de paz. A lo anterior, se debe añadir que la prevención de la violencia debe poseer también la cualidad de la simultaneidad. Al igual que el médico que debe trabajar con la raíz de la enfermedad y sus síntomas, la violencia debe ser enfrentada en su etiología y en todos sus síntomas de manera simultánea.

El atender una causa para luego pasar a otra es decantar el fenómeno de la violencia de un punto a otro. Por ello, debe ser atendido en todas sus aristas de manera simultánea. Se deben atender al mismo tiempo todas las condiciones que provocan el sentimiento de humillación en los niños. No dejar lugar para que se desarrolle el patógeno de la violencia.

Finalmente, la prevención debe ser persistente. No podemos hacer cuentas alegres, la prevención rinde fruto solamente a largo plazo. Los resultados serán notorios en un plazo no menor de 15 años. Por ese motivo, la prevención se trata de una maratón en la que la sociedad se empeña para alcanzar la meta de transformar las conciencias. Precisamente porque la prevención toma tiempo, se necesita ir más allá de una administración presidencial y, ya no se diga, de una administración municipal. El tema de la seguridad ya no puede continuar manejándose electoralmente. Hemos llegado a un punto en que se deben dar pasos responsables.

*Pastor general iglesia Elim.