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Claudicación completa

Raúl Castro agradeció al obispo de Roma, Francisco, sus buenos oficios para que el presidente Barack Obama suavizara las tiranteces que han durado más de medio siglo entre los Estados Unidos y Cuba. Sin embargo un amigo mío que le mete a la santería en la misma costura, opina que el papa peronista no tuvo nada qué ver y que los cambios se deben a la intervención directa de Babalú Ayé. ¿Prueba al canto? Que el anuncio al unísono en Washington y La Habana se produjo al mediodía del 17 de diciembre, festividad de San Lázaro.

Por otro lado está claro que Obama, transcurrida la mitad de su segundo mandato y faltándole apenas la otra mitad, ha decidido que para cumplir su promesa de "fundamentalmente transformar este país" tiene que echar mano de su pluma y su teléfono, pues para algo los tiene. La ley ya no es lo que el congreso legisla y le presenta para la firma, o lo que legislaturas anteriores legislaron y devino en ley, sino lo primero que le pasa por la cabeza, por peregrino que sea. ¿No ha hecho por sí y ante sí un montón de modificaciones a su tan querida, estudiada y elaborada ley del cuidado de la salud? ¿No ha cambiado de un plumazo la controvertida ley de inmigración, que afecta a cinco millones de individuos ilegales? ¡Con la particularidad de que ni siquiera lo ha hecho mediante una orden ejecutiva, sino a través de un memorando!

Pero la cosa es más grave aún. ¿No ha puesto Obama en libertad a terroristas musulmanes, o los ha cambiado por un soldado americano, sin la preceptiva consulta congresual? ¿No ha tomado partido públicamente por los palestinos frente a Israel, la única democracia en el Oriente Medio, una región que ha desestabilizado con su apoyo a supuestas "oportunidades para la democracia en esa parte del mundo" y trazando líneas rojas que se le olvidan en cuanto las violan? ¿No está ahora mismo negociando en secreto los empeños de Irán por obtener el arma nuclear, luego de hacerle toda clase de concesiones económicas? Como dicen algunos, no es que le vaya a permitir construir la bomba, sino que se la va a vender o, si a mano viene, ¡a regalársela!

La solución dada al secuestro de Alan Gross es muy peligrosa porque deja establecido que, cualquier país con un diferendo con los Estados Unidos todo lo que tiene que hacer para doblegarlo es capturar a uno o varios de sus ciudadanos. No hay ninguna equivalencia entre una persona que llevaba teléfonos y computadoras a la pequeña comunidad judía cubana con tres espioterroristas que querían dañar a los Estados Unidos y, de hecho, colaboraron para matar a tres de sus ciudadanos y un residente legal en condiciones espantosas. Claro que había que traer a casa a Alan Gross, ¿pero no se podía haber mandado un destacamento de marines a buscarlo?.

Además está la serie de concesiones económicas sin ninguna contracesión. El dictador Raúl Castro, que hizo el anuncio uniformado militarmente, empezó por decir que el acuerdo se había alcanzado sin ceder nada Cuba. Mientras Obama reconoció que no se hacía muchas ilusiones respecto a la observancia de los derechos humanos en la isla. ¿Entonces qué rayos es esto? Una claudicación completa. No la primera, ciertamente, frente a enemigos muy peligrosos, sino simplemente otra más. Ojalá Babalú no deje caer, como quien no quiere la cosa, la muleta para que demos un tropezón y lloremos lágrimas de sangre. [©FIRMAS PRESS]

*Analista político.