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Claroscuro sobre la cobertura de prensa sobre delitos policiales

No es tarea de los periodistas juzgar qué es conveniente o no para una persona, para una institución e incluso un país; menos valorar si es conveniente o no publicar una noticia... su tarea es informar e informar bien

Esta semana estuve en una discusión entre periodistas, cuestión que se hace constantemente e incluso varias veces al día, sobre la violencia en el país; la información noticiosa suele ser tema de análisis, no solo para determinar enfoques sino para verificar y garantizar el debido proceso noticioso.

El debate tuvo como centro la misma policía, particularmente a partir de tres hechos: uno, la manifestación de varios cientos de agentes de la PNC y las consecuencias disciplinarias; dos, las sospechas de que existan policías que atenten contra los mareros fuera de la ley; y tres, policías involucrados en extorsiones y otros delitos.

La discusión tenía como centro la interrogante siguiente, ¿cómo cubrir estos hechos e informar de la mejor manera a la ciudadanía?

Básicamente había dos niveles en la discusión, lo que la hacía complicada, pero a la vez interesante: ser o no ser condescendiente con la autoridad policial ante este tipo de hechos; o entrarle de lleno al tema, a fondo, sin poner en la balanza, aunque se valore, las consecuencias de informar sobre la principal institución que vela por la seguridad del país.

De entrada, y este es mi punto de vista, la prensa y los periodistas no están para ser o no ser condescendientes con la autoridad policial, su tarea es la de informar; es esencial informar, informar de la mejor manera sobre los hechos de tal forma que la ciudadanía tenga el mayor número de datos, de datos basados en hechos contundentes y fácticos, que le permita tener una visión cada vez más clara de lo sucedido.

Si bien es cierto en el análisis deben entrar las valoraciones sobre las consecuencias de una noticia, en este caso sobre la policía, la prensa no es el gran juzgador de los acontecimientos personales o institucionales… su labor es dar cuenta de los hechos de cara a los ciudadanos, insisto.

Este principio es básico, es elemental entenderlo en toda su dimensión, la labor de los periodistas es contar los hechos, no juzgarlos, mucho menos utilizar la información noticiosa para defender o atacar personas, instituciones… la labor es la de informar y si esto conlleva consecuencias, no son responsabilidad del medio, del mensajero, sino de la fuente. Dicho coloquialmente, “si usted no quiere aparecer como un ladrón en una noticia… simplemente no robe…”, así de simple. 

En el caso de la policía, la labor ha estado centrada en reportar una manifestación de agentes que “saltaron” el cordón de seguridad y llegaron hasta las puertas de Casa Presidencial. No solo se trata de consignar el hecho, en sí mismo noticioso, sino buscar las causas como son las precarias condiciones de trabajo. Por supuesto hubo consecuencias, como los traslados y hasta “castigos”, especialmente los de la UMO que permitieron el paso a Casa Presidencial.

Por supuesto que hay que informar tal cual sobre los agentes policiales involucrados en hechos delictivos, no hay vuelta de hoja; asimismo, y lo decimos con toda claridad, si hay participación policial en grupos llamados de “exterminio” y se logra probar de manera contundente, habrá que publicarlo.

Esto es básico, sin embargo, cada información convertida en noticia, de interés y relevancia para la población, tiene sus dificultades; me explico: los hechos suelen presentarse de manera aislada, deben recogerse tal cual y armarlos en una historia además de lógica, verosímil y suficientemente clara para que pueda ser entendida en toda su dimensión por las audiencias.

Acá entramos a los problemas en el tema policial. Las fuentes suelen actuar “corporativamente” y en cuanto tal esconder posibles hechos delictivos; esto se nota en cuestiones simples y sencillas, como por ejemplo, “no presentar ante los medios” los imputados o ponerles una manta en la cara para que no sean identificados, cuestión que no hacen con la gran mayoría de detenidos. Cuestiones más graves tienen que ver con la falta de posición oficial e incluso esconder hechos que a todas luces muestran otras realidades como es el caso de “enfrentamientos armados” cuando las evidencias muestran lo contrario.

Además, y esto tiene que ver con el olfato periodístico, de poder no solo reconstruir los hechos de posibles masacres sino sustentarlo con fuentes vivas y por supuesto con hechos fácticos que muestren lo que realmente sucedió en varios de los llamados “enfrentamientos armados contra pandilleros”.

La gran tentación periodística es la especulación noticiosa y dar por sentado una masacre, por ejemplo sin el debido proceso periodístico caracterizado al menos por tres cuestiones: fuentes claras y precisas, pruebas contundentes que avalan lo dicho por las fuentes y sobre todo, contraste de ambas cuestiones. 

*Editor Jefe de El Diario de Hoy.
ricardo.chacon@eldiariodehoy.com