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Un claro retroceso desde la firma de los acuerdos de paz

Ante un escenario tan confuso e incierto que vivimos los salvadoreños después de las pasadas elecciones, lo menos que como población merecedora de respeto nos preguntamos es, ¿qué hay realmente detrás de todo esto?

Versiones tan extrañas como que los sistemas informáticos de las empresas contratadas fallaron a última hora, o el desaparecimiento de los cables de fibra óptica, ¿no serán tácticas perversas para retrasar el proceso y de esa manera manipular los resultados en las urnas? Además, ¿por qué el FMLN y GANA mantienen una posición unánime en cuanto a justificar todos los desaciertos que ha habido en estas elecciones? Nunca se los ve incómodos ni preocupados por las inconsistencias que se le achacan a este proceso. Mientras los partidos de aposición denuncian las irregularidades, a estos se les ve tan confiados como si nada está pasando.

Sumado a esto tenemos a un Tribunal Supremo Electoral que no da la cara. Por respeto a la voluntad del pueblo, estos señores deberían informar de forma sistemática y oportuna a través de una cadena nacional diaria. Es lo menos que deberían estar haciendo. Deben abrir las puertas a los medios para que informen de lo que está pasando, están obligados a hacerlo, pues son servidores transitorios del pueblo y no de los partidos que representan.

La percepción de la ciudadanía ante esta decepcionante coyuntura es que ha habido un claro retroceso en materia electoral desde la firma de los acuerdos de paz. Si los resultados de las elecciones presidenciales dejaron muchas incógnitas sobre la legitimidad, lo que está pasando hoy es peor. Al momento ya hay alrededor de doscientas cincuenta inconsistencias que han sido denunciadas por los partidos políticos, y según se vaya avanzando en el escrutinio de seguro surgirán más.

No quisiéramos imaginarnos que lo que está sucediendo es una maniobra bien planificada para hacerse del poder, aunque ésta vaya en contra de la voluntad expresada en las urnas.

No se nos olvide que la democratización de las elecciones es uno de los logros alcanzados con la firma de los acuerdos de paz. El Tribunal Supremo Electoral nació con los acuerdos, sustituyendo así al Consejo Central de Elecciones. Si este organismo colegiado surgió para transparentar los procesos electorales, de manera que nunca más los políticos manipulasen la voluntad de los electores, ¿cómo se explica el hecho de que en las dos pasadas elecciones bajo la administración de la izquierda se susciten irregularidades al punto de hacernos pensar que se está haciendo caso omiso a lo que ellos mismos pidieron en las negociaciones de paz?

Ojalá no estemos frente a una nueva clase política que busca la perpetuidad en el poder. Sería como "caer de las llamas al brasero", si es que lo que se busca es imitar conductas de gobiernos afines como las de Evo Morales, Rafael Correa, Nicolás Maduro y Daniel Ortega. Dios nos guarde de caer en manos de caudillos que se enquistan en el poder sin el más mínimo escrúpulo.

Como sociedad libre y democrática, debemos mantenernos vigilantes de lo que está pasando. Esto no es un juego, es nuestro futuro y el de nuestras generaciones. O exigimos que los políticos dejen de instrumentalizarnos o acabarán con la poca libertad que nos queda, como es la de elegir a quienes consideramos más honestos e idóneos para el ejercicio público.

Exijamos la despartidización del Tribunal Supremo Electoral, exijamos se respete la voluntad del pueblo y en un futuro cercano, dejemos fuera del quehacer político aquellos que ya han hecho de esto un modus vivendi.

*Colaborador de El Diario de Hoy.