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La ciudadanía española para los sefarditas

Apartir del próximo mes de octubre, los judíos sefardíes o sefarditas y sus descendientes, tendrán derecho a reclamar la ciudadanía española que les fue extirpada durante la inquisición. La ley fue propuesta en el Congreso de los Diputados en noviembre de 2012; aprobada por el gabinete en febrero de 2014 y, finalmente, votada a favor en junio 11 de 2015.

Inicialmente, el gobierno español editó una lista de más de 500 apellidos ibéricos que son judíos de origen, confundiendo y alentando a muchos, que creyeron que bastaba con decir que su nombre es Pérez para que les otorguen el pasaporte europeo. Los legisladores en Madrid analizaron el tema y aclararon que solamente podrían reclamar la doble ciudadanía aquellos sefarditas que practican el judaísmo o están vinculados a alguna institución judía y podían demostrarlo. La cosa tiene sentido. Los apellidos fueron desestimados pues el mundo está plagado de ellos y los de muchos sefardíes cambiaron o se modificaron.

Ocurrió que con la aprobación aparentemente definitiva de la nueva ley, que sólo tiene validez por tres años, aumentaron las restricciones anteriores y editaron un documento que impone requisitos, que a muchos les quita las ganas de reclamar sus derechos. El pliego es ensortijado como un folio medieval. La ley no sólo ahuyenta a aquellos que pretenden hacerse pasar por judíos, sino a los judíos mismos. 

Aquel que solicita la condición sefardita debe validar su intención con un certificado de la Federación de Comunidades Judías de España, con sede en Madrid. Quien vive en el exterior puede hacerlo con las autoridades rabínicas o judías del lugar, más debe ser convalidado por la FCJE.

Los peticionarios deben proveer documentos que verifiquen su incorporación a una comunidad hebrea o entidad religiosa judía; papeles que comprueban la identidad de los representantes de dicha organización y, por último, presentar un expediente que confirma la legalidad de la institución religiosa en su país. 

Todos los documentos deben ser transferidos a formato digital y enviados al Ministerio de Justicia español junto a los papeles personales (título de matrimonio, certificado de nacimiento, antecedentes policiales, etc.) autenticados por un notario. El Ministerio tiene un año para aprobar o negar la solicitud.

Aquellos beneficiados con la preciada ciudadanía, deberán jurar lealtad al rey de España y a su constitución política. 

El pasaporte español para los sefarditas latinoamericanos es un salvavidas, pues con limitadas excepciones, los escollos para obtener visas para entrar a cualquier país del primer mundo son denigrantes. [©FIRMAS PRESS]

*Analista político. 

www.josebrechner.com