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Cinco argumentos en favor del aborto

En estos días hemos vivido una situación extraordinaria: la atención que los medios informativos dieron al caso de B.C. y su demanda ante la Corte Suprema de Justicia, pues sus abogados consideraban que su derecho a la vida había sido conculcado, al no interrumpir un embarazo que ponía en peligro su integridad física.

La Corte dictaminó que, de acuerdo con la Constitución, los médicos estaban obligados a velar no por una, sino por dos vidas: la de la madre y la de su hija. Y así se desarrolló el caso. Cuando técnicamente se vio necesario practicar una cesárea a la madre, se hizo. Luego, la niña recién nacida, por su condición de anencefalia, sólo sobrevivió unas horas, pero nadie puede decir que no se pusieron los medios al alcance de los médicos para velar por la vida de esas dos personas.

Como trasfondo, vimos las posiciones encontradas de algunos que hicieron del caso una ocasión para promover su deseo de despenalización del aborto, y de otros que pensaban que era una oportunidad de oro para concientizar a la sociedad acerca de la necesidad del respeto a la vida, como derecho fundamental no sólo de Beatriz, sino también de su hija no nacida.

En su momento se habló de "caso símbolo", al considerar el modus operandi que los partidarios del aborto han utilizado en otros países: encontrar un caso límite, lograr que se modifiquen las leyes "para ese caso", crear jurisprudencia, y descorrer así el cerrojo de la puerta que legalmente no permite el ingreso del aborto en la sociedad.

En ese contexto, resulta que también en los Estados Unidos se está llevando a cabo un interesantísimo debate en torno a la penalización del aborto.

Ken Cuccinelli, fiscal general del Estado de Virginia, abonó a la discusión con una intervención que ha desatado gran polémica. Repasó cinco argumentos esgrimidos por los partidarios de la no penalización del aborto, y los contrapuso --nada menos-- que con las razones que los confederados de los Estados del sur utilizaban en sus debates contra los abolicionistas del norte, en torno a la liberación de los esclavos durante la guerra de secesión… ¿cómo no iba a levantar ampollas? Revisémoslos:

1. No es persona: Aun cuando posea un corazón y un cerebro, y biológicamente se le considere humano, un esclavo (el no nacido) no es una persona ante la ley.

2. No tiene derechos: Un hombre de raza negra (un niño en el vientre de su madre) sólo recibe su personalidad jurídica al ser libertado (al nacer); antes no debemos preocuparnos por él, pues no tiene derechos ante la ley.

3. Nadie le obliga: Si usted considera que la esclavitud (el aborto) es mala, nadie le obliga a tener un esclavo (abortar), pero no imponga su moralidad a los demás.

4. Haz lo que quieras: Un hombre (una mujer) tiene el derecho de hacer lo que desee con su propiedad (su cuerpo).

5. Cuestión humanitaria: ¿No es, acaso, más humanitaria la esclavitud? Después de todo, ¿no tiene el negro el derecho a ser protegido? (¿no tiene el niño el derecho a nacer en un hogar en que se le desee y se le ame) ¿No es mejor, acaso, ser esclavo (no nacer) que ser arrojado sin preparación o experiencia a un mundo cruel?

El núcleo de su intervención puede encontrarse en estas palabras: "estamos obligados a luchar por el respeto a la vida. No sólo a luchar por la vida, sino por el respeto a la vida. Uno lleva necesariamente a la otra". Por eso se permitió una comparación tan cruda por un lado, y tan verdadera por el otro.

*Columnista de El Diario de Hoy.

carlos@mayora.org