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De la ciencia a la conciencia

Los avances en la Medicina han permitido que se realicen con éxito diversos tipos de trasplantes de órganos y tejidos. El desarrollo en esta materia ha sido tan notable que ahora son posibles trasplantes de órganos como riñones, corazón, pulmones, hígado, páncreas e intestino, y de tejidos como hueso, piel, válvulas cardíacas, córneas, médula ósea, tendones, nervios y venas. Y la lista sigue creciendo conforme la ciencia progresa.

Es un tema importante. Un trasplante hace la diferencia entre una muerte inminente, una permanente discapacidad, y una vida normal. Muchos no llegan a tener conciencia de su importancia hasta que les llega el turno de poner su nombre o el de un familiar cercano en la lista de receptores.

Cada tipo de trasplante es diferente en su nivel de complejidad y en el tipo de tecnología necesaria. El más simple es la transfusión de sangre de la que ya hace décadas se tiene casi completo dominio. Los riñones son con mucho los órganos que se trasplantan con mayor frecuencia en el mundo y en El Salvador. La enfermedad renal crónica es altamente prevalente y el trasplante se convierte en la esperanza de las personas con tratamiento de diálisis.

En El Salvador ya se tienen desde hace algún tiempo equipos muy capacitados para trasplante renal, que con recursos limitados han hecho y siguen haciendo un encomiable trabajo. Existen asimismo profesionales con capacidad de realizar trasplantes de hígado y otros órganos y tejidos. Aunque haya profesionales entrenados en procedimientos más sofisticados no contamos con la tecnología necesaria. Es esencial un apoyo más definido pues las personas que necesitan trasplantes aumentan a un ritmo acelerado.

Pero programas adecuados no solo requieren de personal calificado o tecnología, se necesita asimismo mayor conciencia pública, una "cultura de donante" y una legislación apropiada. Los trasplantes de órganos y tejidos han generado dilemas bioéticos y temores de abuso y de malos manejos. A veces las leyes han servido más de obstáculos que de ayuda. Hay algunas que simplemente no se alinean con los avances médicos y otras que son más producto de temores que de realidades científicas. Por supuesto que existe el riesgo de que personas inescrupulosas, aprovechándose de la necesidad ajena, intenten obtener beneficio personal. Pero estos riesgos pueden minimizarse con una legislación coherente, que evite el abuso sin obstaculizar las iniciativas.

Hay trasplantes de donantes vivos y trasplantes de órganos de personas muertas. En el caso de donantes muertos el tiempo que transcurre entre la muerte y el trasplante es crucial para el éxito del procedimiento. Tanto la voluntad de donar órganos en caso de fallecimiento como el concepto de "muerte" deben definirse con claridad, como el caso de muerte cerebral versus muerte por paro cardíaco.

La donación de órganos y tejidos es una de las acciones más nobles de los seres humanos. Es una de las formas más tangibles de ser agradecidos con la vida y de practicar lo que asumimos como nuestras creencias. La donación en vida es la expresión más pura de amor, y la voluntad de donación post mortem es un acto de coherencia intelectual y solidaridad. De nada nos servirán nuestros órganos después de la muerte, pero servirán inmensamente para los que, por nuestra decisión expresa, tengan la oportunidad de mejorar su calidad de vida o seguir viviendo. La ciencia ha dado la posibilidad, el apoyo y la voluntad deben hacer el resto. 

*Médico psiquiatra.

Columnista de El Diario de Hoy.