Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

Cien días, cien obras y cien mil anuncios

Hay otros ejemplos recientes de difusión de consecución de metas con publicidad desproporcionada, de aquellos que invierten $100 en una obra y $1,000 en publicitar ese logro

Es impresionante la secuela que dejó el ciclón Nayib en San Salvador, después de que tocara tierra en nuestro país. Hace como cuatro años el huracán Norman causó también muchos estragos. No obstante, en aquella ocasión la zona de desastre se limitó al centro de San Salvador. Por alguna razón este último ciclón tropical no provocó daños en todo el territorio, aunque sí ha dejado inundado al municipio, perdón, gobierno de San Salvador, con miles de mupis, pancartas y vallas que anuncian “100 días, 100 obras”, de la administración del alcalde, mis disculpas de nuevo, ¿presidente? del gobierno de San Salvador, Nayib Bukele.

En las redes sociales se anuncia la creación de cinco mil nuevos empleos durante los primeros 100 días de gestión. Entre estos empleos seguramente se incluyen algunos parientes y amigos cercanos del alcalde, aunque no han de ser muchos. Sin embargo, probablemente la mayoría se habrán creado en las agencias de publicidad, estudios de grabación y agencias de relaciones públicas que contribuyeron a desarrollar y producir la campaña actual de “información” de la alcaldía. Esperemos que, por lo menos, estas empresas de comunicaciones corporativas estén asentadas en el municipio capitalino.

Obviamente los otros afortunados, además de los directamente beneficiados con las 100 obras, serán los canales de televisión, estaciones de radio, periódicos y arrendadoras de mupis y vallas. Primero arrancó la campaña con cuñas radiales, luego con vallas publicitarias, de ahí se pasó a las pautas comerciales en la televisión y me imagino que después seguirá con anuncios a todo color, en una página entera, en los diarios principales. ¡Grandioso!

Hace unos meses le comentaba yo a un amigo, que también escribe en este periódico – quien, en aquel entonces, afirmaba en un artículo que algunos gobiernos se dedican más a concebir excusas que a desarrollar obras--, que igualmente había que agregar a los que gastaban más en publicidad que en obras. Por cierto, estos tipos son muy imaginativos a la hora de encontrar culpables de sus falencias: empiezan con los 20 años de ARENA, siguen con los dictaduras militares y, si esto no es suficiente, traen a colación la conquista por parte de los españoles o la guerra de Troya.

Hay, asimismo, otros ejemplos recientes de difusión de consecución de metas con publicidad desproporcionada, de aquellos que invierten $100 en una obra y $1,000 en publicitar ese logro. Así, en las últimas semanas hemos visto que se le dota a la PNC de un par de motos que valen como $1,500 cada una, o sea más o menos $3 mil las dos, y luego se anuncia en los diarios en dos páginas a todo color, a un costo aproximado de $10 mil, que se entregaron esas dos motos. Si esto se hace en cuatro periódicos al día, estaríamos hablando como de $40 mil por día, ¡lo equivalente a comprar 26 motos! Si esto se repite varios días, podríamos dotar a la PNC con un centenar de motos y sobraría para algunas colchonetas. A este paso, si el nuevo impuesto recaudara $100 millones al año, se asignarían $10 millones a reforzar la seguridad y $90 millones a publicitar los avances en la lucha contra la delincuencia.

No es mi intención burlarme de las obras que ha realizado el alcalde Bukele o “Salvador” (lo llamo así, no en forma irrespetuosa, sino por lo de “Salvador cumple”), pues al final las obras, por sencillas que sean, tienen un gran impacto en aquéllos que las reciben. Una minilaptop o un pequeño puente, que una dos orillas al lado de un río, en una quebrada, hace una gran diferencia en la vida de los que se benefician de estas obras. Pero, precisamente por ello, ¿no deberíamos utilizar los pocos fondos disponibles para hacer obras en vez de gastarlos en publicidad?.

*Asesor Financiero, MBA, Wharton School.