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"Cht-cht, mamasita"

Una de las ventajas que tiene la viralidad que adquieren ciertos temas en las redes sociales es que ponen temas sobre la mesa y abren discusiones interesantísimas. Y aunque seguramente la viralidad de la nueva versión de La Bala, éxito musical de los Hermanos Flores, despertará conversaciones apasionantes, la que hay que tener esta semana es la que ha girado alrededor del video que hizo la organización sin fines de lucro "Hollaback!".

Con una cámara escondida, la organización filmó a la actriz Shoshana Roberts durante más de diez horas caminando por las principales calles de Nueva York. Después de un esfuerzo editorial, cortaron el video para resaltar los múltiples acosos verbales que recibe la actriz de parte de hombres intentando lograr su atención. El video fue compartido miles de veces en relativamente poco tiempo, probablemente porque a muchas personas les habrá sido familiar la experiencia del acoso callejero ("cht-cht, mamasita", se repite en las calles de San Salvador más que los "buenos días") y porque tristemente, en algunos rincones del mundo, con 10 minutos de video se habría recopilado casi la misma cantidad de material que Roberts consiguió tras diez horas.

El fin del video era levantar consciencia sobre lo que siente una mujer caminando en una ciudad transitada cuando recibe "piropos" no solicitados, en contra de lo que piensa mucha gente, no es siempre halago u orgullo. La mayoría de las veces es irritación y contra los más abusivos, miedo.

El video no está exento de defectos: los autores aclaran que el acoso ese día provino de hombres de todas las edades, razas y en todos los barrios de la ciudad, la manera en la que está editado resalta casi sólo el acoso que proviene de las minorías raciales, presentando solo una arista muy del problema cuando el acoso verbal tiene más víctimas que solo las mujeres y ningún género o raza tiene un monopolio cuando se trata de abusos o faltas de respeto.

Si bien la libertad de expresión permite verbalizar cualquier tipo de opiniones, el límite se encuentra en los derechos de los demás. La auto-propiedad, o el derecho de propiedad que tiene cada persona sobre su cuerpo es lo que resulta irrespetado cuando alguien usa su libertad de expresión de manera vulgar con el fin de llamar la atención de la víctima. Y la defensa de muchos será que seguramente en la mayoría de casos no hay conciencia de parte del abusador de que está victimizando –algunos afirmarán que con la mejor de las intenciones, sólo querían coquetear sanamente, verbalizar un interés o lanzar un halago–, el problema es que los tantos que cruzan la línea de la obscenidad han hecho que hasta el halago de los pocos en ciertas calles se reciba con sospecha y como potencial amenaza. El trasfondo al final, de que se está objetivizando a una persona para el placer personal, es el mismo e igual de desagradable y es eso lo que vuelve condenable la conducta.

Por supuesto, tras la viralidad del video no se hicieron esperar las reacciones de todo tipo: las más absurdas diciendo que quizás los pantalones de la actriz se veían muy ajustados. El típico problema recurrente de la doble victimización: culpar a la víctima de haber "provocado" el abuso, como si el abusador no debiera responsabilizarse. Independientemente de lo que haya tenido puesto, el tema es que falta educación. Ojalá con la misma intensidad con la que se le insiste a las mujeres de mil maneras qué decisiones de vestuario son apropiadas se insistiera a todo el mundo (que no es sólo un problema de hombres) que no tiene derecho sobre la propiedad ajena, sea esta bienes materiales o el propio cuerpo.

* Lic. en Derecho con maestría en Políticas Públicas de Georgetown University.

Columnista de El Diario de Hoy.

@crislopezg