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"Chávez nuestro que estás en…"

Al principio tenía toda la pinta de ser propaganda antibolivariana, pero una vez visto el video (a Youtube nada se le escapa) que recoge la "oración" final del III Congreso del PSUV, no quedan dudas de su existencia. Y por si alguien hubiera pensado que se trataba únicamente de un exabrupto, poco después el mismísimo Maduro sale al paso defendiendo a la señora que leyó el poema de William Osuna, creador del "Chávez nuestro", y poniendo al autor al mismo nivel de Miguel Ángel Asturias o Pablo Neruda, pues a fin de cuentas, tampoco es original el recurso que Osuna utiliza al parafrasear el Padre Nuestro y exaltar la figura de Hugo Chávez.

¿Para reír? ¿Para llorar? ¿Para no darle importancia? Como quiera. Más allá del episodio aislado, el asunto tiene su importancia: a la incapacidad de debatir, a las teorías de conspiración y la inclinación al aislamiento, ahora se suma la exaltación religiosa del fundador del Socialismo del Siglo XXI.

Cuando Maduro aseguró que su predecesor se le había aparecido en forma de pajarito, risas aparte, pocos fuera de Venezuela lo tomaron en serio, y por eso quizá la declaración del presidente venezolano en la que dijo que veía a Chávez como "un líder que encarna todos los valores de Cristo", se puso al mismo nivel del pajarito: otra metáfora desafortunada.

Pero no. Ahora resulta que Chávez, al menos en el corazón de los creyentes bolivarianos, ha entrado al panteón y comparte culto con Evita Perón, el Che Guevara y el mismísimo Bolívar.

Y aquí está el problema. Cuando se apela, como recurso único, a la fe y al sentimiento en política y se descartan las consideraciones racionales, es que se ha llegado a un nivel muy considerable de manipulación propagandística. ¿O será que precisamente porque es imposible explicar coherentemente el fracaso de su gobierno, Maduro se mete al terreno religioso para explicarse a sí mismo la importancia de su misión y justificar sus actuaciones?

Es el mismo caso del gobernante mal evaluado, que en lugar de enfrentar serenamente las críticas insulta a quienes hacen ver las contradicciones en su discurso, o los fallos de su gobierno. Con lo que ni mejora su gestión, ni establece un ambiente propicio para trabajar juntos. Y no se apea del "este macho es mi mula"… ¡aunque sea caballo!

El "Chávez nuestro que estás en el cielo", importa más que por el poema mismo, por la utilización que de él ha hecho el aparato propagandístico, y es un claro ejemplo de que el chavismo ha dado un paso más para instalarse en la categoría de los movimientos de masas que comienzan con la promesa de un paraíso en la tierra, y terminan convirtiéndose en auténticos infiernos.

Los herederos de Chávez han aplicado a la perfección la fórmula que él mismo quiso utilizar con Bolívar. El difunto presidente pretendió pintar al Libertador de rojo, y convertirlo en el adalid de los pobres (y enemigo acérrimo de los ricos) para justificar su "Socialismo del Siglo XXI" y su antiimperialismo patológico. Pero Maduro ha ido más allá: no solo ha elevado a Chávez más alto que lo que él mismo pudo ponerse, sino que con la aprobación y utilización del malhadado "Chávez nuestro", lo está llevando al nivel de los dioses, contra los que no hay argumentos, ni razonamientos que valgan.

Quien en Venezuela, a estas alturas, siga creyendo que el chavismo es la solución, no es alguien a quien pueda convencerse de lo contrario, ni siquiera de considerar alternativas que no sean las propuestas y bendecidas por Chávez su dios, o Maduro su profeta.

*Columnista de El Diario de Hoy.

@carlosmayorare