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Un ceviche mixto de color azul y blanco

Muchas veces me han preguntado, y seguramente les preguntan a varios columnistas, de dónde saco temas para escribir frecuentemente. Mi respuesta es que en un país como el nuestro, muchas veces el problema no es encontrar el tema sino elegir uno de entre tantos que quieres escribir, por cuál es que te vas a ir.

El tema que escogí para hoy, en una semana donde sale un presidente, entra uno nuevo y, adicional a eso, con un revuelo de noticias la semana anterior de escándalo, fue sin lugar a dudas, el mejor tema que pude escoger aunque me tardé en decidirlo. Más adelante lo encontrarán, paciencia por favor.

Antes de hablar de ese tema, quiero mencionar los otros que tenía en mente. Uno era sobre mi última columna donde hacía la pregunta abierta sobre ¿cuál sería el epíteto adecuado para el presidente Funes? Recibí cientos de sugerencias, desde Mauricio Funes… "el prepotente", "el hablador", "el indomable", "el resentido" hasta varios otras opciones creativas; lastimosamente varias no las pudiera mencionar en una columna.

Mi elegido hubiera sido Mauricio Funes "el ilusionista", pues - realmente es el mejor que conozco, porque todo lo que él representó y representa ha sido y es una completa y absoluta "ilusión".

También quería escribir sobre el caso de posible corrupción y manejo de influencias del presidente Funes publicado por ElFaro.net y cómo esperamos que esa investigación tenga resultados en los juzgados, junto con otros pendientes de líderes salvadoreños.

Otro tema sería sobre los buenos deseos que le tengo al próximo gobierno, que hagan un buen papel siempre es buena noticia, pues que nuestro país mejore es equivalente a que salvadoreños salgan de la pobreza y todos prosperemos.

Es importante mencionar, sin embargo, que con la experiencia de "el ilusionista" aprendimos todos varios de los trucos de su espectáculo (y el de sus homólogos en Centroamérica) y varios probablemente no nos vamos a dejar impresionar por trucos viejos. Es decir, esperar resultados considerablemente mejores que el gobierno saliente sería algo irrealista, al menos que den un giro considerable (nota: por lo visto todo será continuismo).

Pude haber escrito también de los problemas de comunicación que tiene Arena internamente y, además, cómo lo proyectan externamente. Sobre cómo tienen que meterle el pedal a la preparación de las próximas elecciones y cómo se espera que esta vez la campaña tenga mayor presencia territorial y en la sociedad civil y menos publicitariamente, como en las últimas elecciones.

Adicional a los temas anteriores, hubiera hecho un llamado a los colegas empresarios a que apoyemos a El Salvador en el próximo quinquenio y le demos el beneficio de la duda al nuevo gobierno, aunque claramente está que debemos dormir con un ojo abierto. Hay que tener mucho cuidado de los "cantos de sirena". Debemos valorar los compromisos del gobierno entrante con acciones y no con palabras.

De todo lo anterior pude haber escrito, sin embargo, decidí escribir de lo siguiente. Gracias a las últimas elecciones, y todos los caos políticos por los que hemos vivido los salvadoreños desde el 2009, por razones conocidas, hoy más que nunca, entiendo que bueno y perfecto solamente Dios. Los humanos siempre cometeremos errores. Nunca seremos perfectos. Ni aquellos más inteligentes, ni los líderes que más apoyemos, lo serán. Entender eso es lo que nos hará estar dispuestos a los salvadoreños a escucharnos mutuamente para sacar adelante a nuestro país.