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La fe en Centro América

En diciembre de 2013 CID-Gallup Latinoamérica dio a conocer los resultados de su encuesta "La fe de los centroamericanos y República Dominicana", que se realizó en los siete países de la región y que muestra que ha continuado la tendencia de las últimas décadas el crecimiento numérico de las iglesias evangélicas. En el caso de El Salvador, el 40% de las personas entrevistadas manifestaron pertenecer a una iglesia evangélica. Ese sería el porcentaje más alto de adhesión a las iglesias evangélicas alcanzado en la historia nacional pero, al mismo tiempo, sería la primera vez que el índice de crecimiento muestra una desaceleración con respecto a décadas anteriores. De acuerdo al IUDOP de la UCA, entre 1988 a 1998 el índice del crecimiento de los evangélicos fue de un promedio anual de un 0.42%. Luego, de 1998 hasta 2009 se incrementó a un promedio del 1.6% anual. De haber continuado con el mismo ritmo el año 2013 debería haber terminado con un 44.6% de la población evangélica; pero, como CID-Gallup lo muestra, el crecimiento alcanzó solamente el 40%.

Una buena pregunta para las iglesias evangélicas es: ¿A qué obedece la reducción en el índice de crecimiento? ¿Qué es lo que las iglesias han dejado de hacer para que se produzca esa desaceleración? O de otra manera: ¿Qué cambios son los que no se han hecho y que no han permitido a los evangélicos continuar avanzando al ritmo de los años anteriores?

Otro dato interesante es que la población con estudios primarios o ninguno es la que más exitosamente ha sido ganada por los evangélicos. A mayor grado de educación menor es la migración de los católicos hacia las iglesias evangélicas. Este patrón se repite en todos los países de la región. No hay duda que los evangélicos han sido más hábiles en conectar con las personas con menor instrucción académica por la presentación de una práctica cristiana comprensible, participativa y en lenguaje sencillo. El otro lado de la moneda es que El Salvador es el único país de la región en el que los evangélicos, estadísticamente, no han logrado conquistar para sus filas a católicos con educación superior. ¿Qué deberían hacer las iglesias evangélicas para lograr un impacto estadísticamente mensurable en los católicos más educados al mismo tiempo que no se descuida a las personas con muy poca o ninguna educación?

El otro insumo que muestra la encuesta es que las personas menores a los 40 años de edad sienten mayor atracción por las iglesias evangélicas. Muchos de esos jóvenes son una segunda generación que ha nacido ya en hogares evangélicos. Pero, paradójicamente, son lo jóvenes los que asisten con menor frecuencia a los cultos evangélicos. Jóvenes entre 18 a 24 años de edad que asisten una o más veces por semana es solamente el 26% contra el 33% de personas con más de 40 años. Esta realidad debe mover a los evangélicos a buscar maneras de atraer a los jóvenes a sus servicios y abrirles las oportunidades que les permitan hacer propia la vida de la iglesia. No hay duda que los jóvenes son el principal potencial de las iglesias, pero tal potencial pudiera desaprovecharse si los líderes evangélicos no saben abrir a tiempo los espacios para el relevo generacional y para la actualización de la liturgia.

*Colaborador de El Diario de Hoy.