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Células madre para regenerar

Con cada día que pasa, Costa Rica me da más envidia de la buena. Como muchos, por causa de la guerra, tuve la oportunidad de vivir fuera del país. Realicé mis estudios universitarios de pregrado en San José y disfruté cuatro años de un país diferente. Es cierto que a veces parecería que ser salvadoreño allí era mala palabra. Sin embargo, en lo más profundo estoy agradecido con Costa Rica y con su gente que nos recibió.

Desde que llegabas, se respiraba un ambiente diferente. Todos te tuteaban. Eras simplemente Juan y te ganabas tu puesto por capacidad, no por posición. Los estudiantes de instituciones públicas y privadas usaban los mismos uniformes. Apenas un pequeño escudo identificaba a la institución. Era el inicio de los años 80 y desde entonces Costa Rica ya comenzaba un proyecto de fortalecimiento de la educación nacional a través de la tecnología. En 1987 nace la Fundación Omar Dengo. Era evidente el énfasis de la gestión pública en el desarrollo de la persona.

Además te impactaba la civilidad. Los eventos políticos podían generar las más ardientes pasiones, pero las confrontaciones no pasaban de gritar sus propias consignas, de ondear más fuerte las banderas o de sonar el pito de los vehículos con mayor persistencia. Y el respeto y cumplimiento de la ley. Nada ni nadie parecía estar al margen de la ley. Los funcionarios públicos, en general, promovían celosamente su cumplimiento.

Esa era la Costa Rica que conocí y cada vez que he podido visitarla después solo me ha servido para confirmar este respeto, admiración y cariño. Con la Copa Mundial de Fútbol nadie se ha quedado sin saber dónde está Costa Rica y que es motivo de orgullo para Centroamérica. Llegan los ticos a cuartos de final y se retiran con la frente en alto. Ni siquiera Holanda pudo ganarle en el partido. Tuvieron que llegar a los penaltis y recetarles semejante Krul.

Y este día es noticia que no han podido cumplir con la reforma constitucional de invertir al menos un 8 % sobre el PIB en educación. Han logrado APENAS un 7.4 % de inversión, sobre un PIB que es el doble del nuestro y para una población menor a la de El Salvador. Para que lo veamos más claro, en lugar del 3.1 % que actualmente invertimos deberíamos invertir 18 % para tener más o menos los mismos dólares de inversión por estudiante.

¿Y en El Salvador? Amaños en el fútbol y del 3.1 % que invertimos en educación ya van siete meses sin que les hagamos llegar a los centros escolares el dinero de funcionamiento. ¡Por favor! Es mucho esperar que al menos lo poco que hacemos lo hagamos bien. Estamos construyendo un país en el que a nadie entusiasma vivir. No debe sorprendernos que nuestros niños y jóvenes estén por cientos saliendo del país buscando un poco de paz y desarrollo en Estados Unidos.

¿Y qué haces tú para evitar que sigamos en esta debacle? ¿Qué haces tú para dar el ejemplo de lo que esperamos de un ciudadano en este país? ¿Qué debemos hacer para que los políticos respondan a esta necesidad de construir un mejor El Salvador? El fin de semana pasado, en un esfuerzo innovador, ARENA abrió sus puertas para que ciudadanos se inscribieran libremente para competir en las próximas elecciones como candidatos a la Asamblea Legislativa y municipalidades.

Personas frescas, capaces, con visión de país, como Claudia Gazzolo de Munguía, Lucrecia de Domínguez, Jorge Santacruz y Javier Palomo, ya inscritos como precandidatos para diputados por Ahuachapán, Sonsonate, San Salvador y Santa Ana. Ojalá las bases y estructuras de ARENA y de los otros partidos escuchen el llamado a fortalecer su oferta política con nuevos rostros para que el año entrante se consolide la democracia por medio de una Asamblea Legislativa renovada. Será como una aplicación de células madre para una regeneración completa.

*Columnista de El Diario de Hoy.