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Ceguera ideológica: El caso OEA

La Organización de los Estados Americanos es el organismo regional más antiguo del mundo, su origen se remonta a la Primera Conferencia Internacional Americana, celebrada en Washington, D.C., de octubre de 1889 a abril de 1890. En esta reunión se acordó crear la Unión Internacional de Repúblicas Americanas y se empezó a tejer una red de disposiciones e instituciones que llegaría a conocerse como "sistema interamericano", el más antiguo sistema institucional internacional.

La OEA fue creada en 1948 cuando se subscribió, en Bogotá, Colombia, la "Carta de la OEA", que entró en vigencia en diciembre de 1951. Posteriormente, la Carta ha sufrido diversas enmiendas sucesivas hasta el Protocolo de Washington, suscrito en 1992, que entró en vigor en septiembre de 1997.

La Organización fue fundada con el objetivo de lograr en sus Estados miembros, como lo estipula el Artículo 1 de la Carta, "un orden de paz y de justicia, fomentar su solidaridad, robustecer su colaboración y defender su soberanía, su integridad territorial y su independencia". Para lograr sus más importantes propósitos, la OEA establece lo que serían sus principales pilares: democracia, derechos humanos, seguridad y desarrollo, o bueno, esa era al menos la intención al constituirla.

La OEA empieza a perder su rumbo al permitir la reincorporación de Cuba al sistema interamericano de países democráticos. Para permitir el ingreso de Cuba, la OEA no le exige claramente un compromiso con los derechos humanos y políticos de los pobres hombres y mujeres que vegetan atrapados en esa enorme cárcel isleña, propiedad de la dinastía de los Castro, sino que por medio de los "buenos oficios de José Miguel Insulza", fue la OEA quien tuvo que derogar sus estatutos adonde excluían a la tiranía cubana, a la vez que la dejaban con manos libres para continuar martirizando a su pueblo pero dejando "las ventanas abiertas a nuestros amigos cubanos" (Presidente Lula) para tener acceso de la comunidad de Estados Libres en Latinoamérica. Paradójicamente, Castro no acepta la invitación, y deja a los entusiastas gobiernos latinoamericanos como novias de pueblo, "vestidas y alborotadas", el galán no se presentó a la fiesta.

En esa ocasión, dio muestra de una severa ceguera ideológica: es la OEA la que se adapta al régimen cubano, no se le exige a éste ajustarse a las normas democráticas básicas que rigen los principios de la entidad. Mientras los países latinoamericanos entusiastamente modifican sus estatutos, la dictadura cubana continúa con la misma alegría y entusiasmo encarcelando opositores y mallugando las coronillas de las "Señoras de Blanco", de ese mismo blanco que se ha puesto tan de moda en estas latitudes. Ahora viene el último evento de ceguera ideológica: el bloqueo a la congresista María Corina Machado. María Corina, esa menuda mujer que tuve la oportunidad de conocer cuando vino a dar conferencias a El Salvador, se ha convertido en una "molesta opositora" para el régimen opresivo de Venezuela.

Su menuda talla no corresponde a ese gigante encerrado en su voluntad. Simplemente no puede quedarse quieta ante la violación a los derechos humanos en Venezuela. Tan pronto se le ve en una plaza con bandera en mano, como manteniendo una postura elegante ante un micrófono denunciando los desmanes de la dictadura.

No calla, será quizás por su convicción democrática, será quizás porque sabe que se debe al pueblo corriente a quien nadie oye, será quizás porque así es ella; no va a callar aun cuando los esbirros del poder la golpeen en su rostro y cuerpo en plena Asamblea Legislativa en Caracas, aun cuando el régimen quiere despojarla de su inmunidad como parlamentaria para someterla a procesos judiciales seguramente amañados. Pero lo que el régimen no pudo hacer, la OEA lo logró. Por una abrumadora mayoría, los representantes de los países de Latinoamérica con 22 votos a favor, dentro de los cuales --siento vergüenza de decirlo-- se incluyó a El Salvador, votaron para que María Corina se callara. Les resulta incómodo que se discuta en público en esas augustas salas democráticas, que su patrono venezolano --ese que les regala petróleo y les paga campañas millonarias--, se exponga a los medios como un violador de los derechos humanos de su propio pueblo. María Corina es simplemente el pelo en la sopa del caldo cubano-venezolano, régimen el cual, por esos azares del destino, ahora se ha convertido en la "brújula moral" de los Estados Latinoamericanos, "cosas veredes amigo Sancho".

Discutir a puerta cerrada es no discutir: me cuesta entender el porqué, ¿si los asesinatos de ciudadanos desarmados por parte de oficiales del Gobierno y paramilitares venezolanos se hacen en público, por qué la discusión sobre el tema se tenga que hacer a puerta cerrada?, quiero pensar en explicaciones, pensar que ALBA ha halado la correa a sus gobiernos títeres es una, pero como me resulta demasiado odiosa, prefiero pensar que la OEA es presa de su propia ceguera ideológica, quizás por eso Jesucristo igual que monseñor Romero decían: "no hay peor ciego que el que no quiere ver".

OEA: ya va siendo hora que te quites esas gafas oscuras que voluntariamente te pusiste. Latinoamérica te necesita, nuestros pueblos merecen un ente que los represente y defienda, para otro tirano que nos esclavice, lo siento, pero llegaste tarde, ya tenemos de sobra.

*Colaborador de El Diario de Hoy.