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El caso Flores

Uno de los episodios más tristes de los muchos que he visto de cerca en este viaje que es la vida, es lo que está ocurriendo con el expresidente Francisco Flores. Por mucho es una de las personas más inteligentes e instruidas que he conocido. Su presidencia fue una de las más brillantes en la historia del país.

Con un gabinete formado por profesionales jóvenes, entusiastas y graduados en las mejores universidades del mundo, el país alcanzó un liderazgo regional sin precedentes, a pesar de los terremotos de 2001. Los datos de fuentes confiables señalan que durante ese período disminuyó considerablemente la pobreza.

Se construyeron más carreteras en esos cinco años que durante toda la historia previa. El promedio de homicidios diarios era de un solo dígito. Delitos como las extorsiones, el robo de autos y los secuestros estaban bajo control. Los intereses de los préstamos bajaron y los plazos para pagarlos aumentaron, lo cual permitió que millares de salvadoreños pudieran comprar su propia casa.

Por supuesto que también hubo deficiencias. Nada es perfecto. Pero en términos generales sólo un fanático podría negar que el de Flores fue un buen gobierno. Si la tan debatida dolarización fuera la causa de todos los males, como algunos afirman, los gobiernos del FMLN ya la hubieran eliminado y vuelto al colón.

Pero Francisco Flores, aunque es un gran orador, pocas veces dijo lo que la gente quería oír. Más bien su estilo fue parco. En sus reuniones de trabajo siempre había más cifras que frases. Y su relación con el partido ARENA, nunca fue un amor de estudiantes precisamente.

Muchos areneros, camiseta sudada, resentían su poca relación con las "estructuras" y sobre todo no tomarlos en cuenta para formar gobierno.

Una vez terminó su presidencia, se hizo a un lado. Luego regresó, a la campaña de Norman Quijano, que por esos días andaba sin rumbo. La enorme ventaja inicial de Norman, debido a una eficiente campaña de ataques del adversario, y la falta de apoyos de gente muy influyente en ARENA, se iba como agua entre los dedos. En pocas semanas se recuperó el terreno perdido. Y ARENA se puso en posición de ganar.

Hasta que surgió lo de Taiwán. Un caso en el que muchos de los involucrados sabían dónde había ido a parar ese dinero. Pero Francisco Flores cometió el gravísimo error de subestimar a los adversarios.

El midió la capacidad intelectual de sus oponentes, no su despiadada astucia política. Y eso lo llevó a cometer una cadena de errores, que lo condujeron al patíbulo en medio del más vergonzante circo político que se jamás se haya visto aquí. Sus adversarios, los de allá lo apuñalaron de frente. Y los de acá por la espalda. Y se fue. Regresó para ser juzgado y se vino un circo más vergonzante todavía.

Mientras malvivientes y uno que otro "bon vivant", hacen alarde de sus fechorías y fortunas con toda impunidad a Francisco Flores se lo llevaron de su casa, en medio de un operativo policial, la UMO incluida, digno de otros menesteres, con toda la prensa, a la luz del día, esposas en las manos. Con la misma serenidad que una vez mandó a Fidel Castro al ostracismo en cumbres Flores asumió ese atropello.

A Francisco Flores, independientemente del resultado del proceso, con ese intento de humillarlo al máximo, lo condenaron antes del juicio. Y sus adversarios, los de allá y los de aquí, gozaron de manera perversa el espectáculo. ¿Dónde quedó la presunción de inocencia? La vida da vueltas extrañas. Toda causa tiene un efecto.

Dicen que en el hospital y en la cárcel se conocen los amigos. Más allá de sus errores, que los hubo, y de lo que determine la justicia, reitero mi respeto y amistad hacia el expresidente y sobre todo a esa extraordinaria mujer que es Doña Lourdes, una rosa envuelta en vestido de acero. Ya le mataron a su papá. Acosaron a su familia, y violaron todos los derechos de su esposo. Y sigue de pie. Con la frente en alto.

Mi solidaridad también con Juan Marcos, y con esa muchacha, corazón valiente y sonrisa franca, Gabriela.

* Columnista de El Diario de Hoy. marvingaleasp@hotmail.com