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Casi una década de negociación del CAFTA

La negociación del CAFTA tuvo como uno de sus objetivos el lograr la consolidación de los beneficios del Sistema Generalizado de Preferencias (SGP) y de la Iniciativa de la Cuenca del Caribe (ICC), otorgados unilateralmente por Estados Unidos a Centroamérica, ampliando esa preferencia a otros sectores que antes del 2006 no estaban considerados como prioritarios para el aliado del norte.

En el tema agrícola se determinó que los productos exportables se comercialicen con trato recíproco entre las Partes. No obstante, considerando las diferencias en grado de desarrollo y tamaño entre las Partes, la asimetría, se negociaron plazos y mecanismos que permitieran ajustar gradualmente al libre comercio las condiciones agropecuarias de Centroamérica. Así, en algunos productos el libre acceso definitivo se llevó a cabo mediante la reducción de aranceles con diferentes plazos atendiendo la sensibilidad considerada de los productos. En los casos más sensibles, se utilizaron programas de cuotas a importar, libres de arancel, con incrementos anuales para ajustarse paulatinamente a la apertura.

Los productos más sensibles para El Salvador en CAFTA fueron: maíz blanco (exclusión parcial), maíz amarillo, arroz, frijol, carne de bovino, carne de porcino, carne de pollo y productos lácteos. En cada uno de estos casos se establecieron períodos largos de desgravación arancelaria, períodos de gracia, contingentes, crecimiento en el tiempo y mecanismos de salvaguardias.

Pero lo importante respecto de esta negociación es que al final del período de desgravación para los productos sensibles es que tendrán libre comercio, y como una zona de libre comercio, con multilateralidad; por lo cual, el sector privado, en coordinación con el gobierno, tiene que trabajar la reconversión productiva y mejorar la competitividad y rentabilidad dentro de los períodos de gracia que contiene el tratado.

El azúcar de Centroamérica fue el único producto agrícola que no tiene bajo CAFTA acceso libre a Estados Unidos; el acceso está limitado a una cuota de 24,000 toneladas, adicionales a las 26,000 toneladas que se tenían ante la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Para El Salvador, fue el maíz blanco el que quedó excluido de la desgravación y sólo se permite el ingreso sin arancel de un volumen que crece 2% cada año. Para el año 2015 ingresará sin arancel un volumen de 42,000 toneladas.

En 15 años quedarán en libre comercio la carne de cerdo y maíz. El arroz y la carne de pollo tras 18 años de CAFTA tendrán libre comercio a partir del 2023, iniciando desgravación el próximo año. Los lácteos quedarán sin arancel el 2026. El 2016 inicia su reducción arancelaria. El sorgo quedará liberado en 2023.

Casi 10 años de CAFTA y los sectores agropecuarios consideran no estar listos para competir en igualdad con las importaciones procedentes de Estados Unidos, aún para los menos sensibles con tratamiento de mediano plazo para ingresar con arancel cero, ya que no ven que exista reciprocidad en beneficios del comercio.

Y en ese marco hay que leer adecuadamente el acuerdo de la Ronda Doha de la OMC, que no ha concluido: Declaratoria de que las economías grandes están imposibilitadas para desmantelar sus políticas agropecuarias proteccionistas y de subsidios, so pena de tener una agricultura tan pobre como muchas del Tercer Mundo, a menos que se les garantice a sus productos agropecuarios un mejor acceso a otros mercados.

El Acuerdo sobre la Agricultura multilateral administra el mantenimiento de los subsidios a la producción y a la exportación para los productos agropecuarios, políticas que son aplicadas por gobiernos con capacidad de destinar cuantiosos recursos para sostener su agricultura, sabedores que más que un tema comercial es de política sectorial y de importancia social para la soberanía alimentaria.

*Colaborador de El Diario de Hoy.