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Carta en cuero de diablo para todos los chilenos y chilenas

Y podría añadir: para todos los de otros países que sufren males semejantes. ¿Cuáles males? Los de dejarse esclavizar por los estereotipos mentirosos y las acciones perversas de la cultura de la muerte. Chilenas y chilenos de hoy: os desconozco. Pocos quedan de aquellos que yo conocí y amé desde 1957 a 1973. Los muchos años de contubernio de socialistas con demócrata-cristianos les han apolillado la conciencia. ¿No estaban ustedes dispuestos a ser la tumba de los libres o el asilo contra la opresión? ¿Por qué ahora prefieren ganar en comodidades y placeres a cambio de perder dignidad humana? ¿Cómo es posible que hayan vuelto a elegir como presidente a una persona tan lamentable e incompetente como la Bachelet? ¿Acaso no sabían que ella ha sido y sigue siendo una obediente funcionaria de la internacional antinatalista, mejor llamada cultura de la muerte?

Ustedes han perdido la capacidad de indignarse con justicia cuando la Bachelet ahora quiere implantar en Chile, como un derecho de la mujer, la monstruosidad del aborto voluntario. Y encima ustedes caen en el error de aceptar "un maduro debate" sobre el aborto (¡!). Pensarán así, estúpidamente, que eso es una muestra de talante democrático. No, señores, no; eso sólo es falta de sabiduría, o abundancia de cobardía y comodidad. ¿Aceptarían debatir sobre si la Tierra es esférica o discoidea? Sobre lo evidente, lo comprobado científicamente, no cabe discusión. Que todos los seres humanos comenzamos a serlo cuando se formó nuestro cigoto es una verdad científicamente comprobada. Ya desde ese momento tenemos los 46 cromosomas propios y exclusivos de los seres humanos. Ya desde ese momento somos hombre o mujer, según sean nuestros cromosomas sexuales y ya somos por nuestro genoma un individuo distinto de todos los otros individuos humanos. Por lo tanto, matar seres humanos en estado embrionario es el peor de los asesinatos, porque se les quita no sólo la vida, sino con ella el 99% de todo lo que podrían haber vivido; una injusta pena de muerte para unos seres humanos absolutamente inocentes y absolutamente indefensos. Es un genocidio mucho peor que el de los nazis, los soviéticos y cualquiera otra matanza de personas que por lo menos ya habían gozado de gran parte de su vida.

¡Cómo me gustaría haber podido estar, frente afrente, con vuestra presidente cuando proponía la legalización del aborto! Le habría dicho:--¿No le da vergüenza proponer ese crimen horrendo? ¿Qué clase de persona es usted? ¿Dónde tiene usted su conciencia moral? Porque sólo con una ignorancia profunda o una maldad aún más profunda puede proponerse, sin avergonzarse, ese genocidio espantoso. ¿Cuál de esos dos casos es el suyo? Es usted ignorante, o malvada? ¿O no le importa lo que es, porque los jerarcas de la muerte le pagan muy bien su obediencia?

No, chilenos lesos, que aceptan ese debate inicuo y encima lo aceptan con palabras llenas de mesura y miramientos donde parece que lo importante es no molestar a la Bachelet ni a los canallas que piensan como ella. ¡Son ustedes tan cuidadosos en elegir palabras blandas y en no elevar el tono del debate…! ¿En qué piensan cuando hablan así? ¿En defender la vida o en cuidar se imagen, no les vayan a llamar momios, fascistas o cualquier otro insulto contundente? Porque los que piden tolerancia para ellos, siempre son insultantes contra todos los que no aceptan su tiranía.

¿Estarían ustedes dispuestos a debatir sobre la honestidad de sus seres más queridos, sus esposos, sus hijos, o sobre el amor de su vida? Espero que no. En democracia se pueden debatir y discutir muchas cosas, porque sobre la mayoría de ellas no hay certeza de cuál es lo mejor. Pero no cabe debate sobre lo evidente ni sobre los amores que dignifican nuestra vida.

Espero que algún chileno o mejor chilena, que no estén apequenados, difundan ampliamente esta carta por todo Chile para despertar a los amodorrados.

*Dr. en Medicina.

Columnista de El Diario de Hoy.

luchofcuervo@gmail.com