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Carta abierta al candidato Bukele

Le confieso que no pensaba terciar en la polémica desatada entre Paolo Lüers y su persona. Sí leí, desde luego --sin integrar por ello ningún "pequeño grupo de fanáticos"-- la carta publicada por el colega columnista el pasado 10 de enero, pero al no compartir todas las razones expuestas por Paolo para negarle el voto, nada me motivaba a involucrarme en esa discusión.

He de admitir, además, la apatía que me ha venido provocando, casi desde el principio, la actual campaña electoral por la Alcaldía de San Salvador. Le soy absolutamente franco: en mi calidad de elector, ni usted ni Edwin Zamora me convencen. La opción del candidato de ARENA no ha conseguido entusiasmarme hasta la fecha, y la alternativa suya, señor Bukele, se me antoja un pastiche insustancial, a medio camino entre el discurso que uno quisiera oír al interior del FMLN y la muy escasa voluntad que ese partido tiene de asumirlo con convicción (ya no se diga de llevarlo a la práctica).

De hecho, para serle todavía más honesto, la única de las candidaturas a la silla edilicia capitalina que merece mi respeto intelectual y moral es la de Roberto Cañas. Lo digo con absoluta responsabilidad y sin querer demeritar a nadie: A mi juicio, el aspirante del CD es el mejor capacitado académicamente para dirigir la Alcaldía más importante del país y el que tiene las credenciales humanas (y hasta emocionales) necesarias para liderar un concejo plural. Roberto es hombre de ideas, abierto a la búsqueda de acuerdos y en serio comprometido con el debate de altura. El resto de competidores se me antojan, con perdón, poco preparados.

Esta misiva no responde, pues, a ninguna campaña sucia orquestada en la penumbra para desprestigiarle a usted o para catapultar la candidatura de su adversario más próximo en las encuestas. Lo que me ha movido a escribirle de manera abierta, señor Bukele, es el texto que usted subió a las redes sociales para responder a la carta de Paolo Lüers. Es allí donde encuentro un par de puntos muy controversiales sobre los que deseo llamar su atención.

Llevo años combatiendo a los políticos proclives a la descalificación moral de los medios de prensa. Por más razones válidas que tenga un personaje público para sentirse agraviado o criticado injustamente, el castigo ético contra periodistas o empresas periodísticas debería estar siempre en manos del público consumidor, no de los funcionarios.

El problema de aceptar la legitimidad de la acusación moral contra un medio, viniendo de quienes ostentan poder o aspiran a él, es que el criterio para realizar esa acusación estará irremediablemente limitado por la coyuntura y la subjetividad, sean estas políticas o ideológicas. Y esa subjetividad, que en el consumidor tiene restricciones claras, en el político o en el funcionario puede dar pie a numerosos abusos y atropellos, porque está presente la mediación efectiva del poder, con todo y su fuerza coercitiva.

En la práctica, abrir esta puerta es un paso atrás en nuestras aspiraciones democráticas, porque el político que se atreve a sugerirle a la gente qué debe entender por ética periodística --o sea, a quién debe creer y a quién no--, tarde o temprano se verá tentado a usar el poder para amenazar la libertad de expresión. Ya sufrimos eso con Mauricio Funes y la sociedad quedó más dividida. ¿Espera usted, señor Bukele, que le consideremos un político diferente? Entonces demuéstrelo. (Por cierto, me alarmó mucho oírle despotricar contra Gerardo Barón, aspirante a edil de Nuevo Cuscatlán, en una radio que es propiedad del municipio. Preocupa esa falta de dominio en alguien que pretende acabar con la polarización del país).

Finalmente, señor Bukele, entendamos qué es campaña sucia. Sucio es montar estructuras anónimas de ataque o encandilar a grupos propensos a la difamación. En cambio, la crítica firmada por personas que dan la cara podrá parecernos dura, directa, incluso negativa, pero no es sucia. Solo los cobardes atacan desde la sombra. Y Paolo Lüers será todo lo que usted quiera, pero no es un cobarde.

*Escritor y columnista de El Diario de Hoy.