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La capital del cielo

Juro que en mis venas no circula ni pizca de sangre santaneca. Del lado paterno vengo de la vecina tierra de los cocos y palmeras; del lado materno, de la ciudad de las colinas, y respiré mi primera bocanada de oxígeno en la Policlínica, un ex hospital capitalino.

Lo que sí tengo en mis venas, es una celosa devoción por la tierra morena. Ahhh que delicia nadar en sus aguas coatepecanas, apreciar su bella catedral y bailar en sus fiestas julias. Santa Ana es cuna de "bellezada" de deporte, el triatlón, y de un equipo de tigrillos con 17 copas de campeón de la nación. Además, en esta ocasión, les cuento por qué se ha inflado mi devoción.

Hace poco, parientes y amigos, nos pusimos de acuerdo para hacerle frente al Reto Ilamatepec, una carrera de 21 km., tipo "eco challenge", en la que un par de cientos de amantes del deporte y la naturaleza, escalamos la fértil y húmeda campiña del café más sabroso del mundo, rodeamos el enorme cráter del mencionado volcán, admiramos una vista perfecta del lago maravilla y fuimos testigos de cómo el Ilamatepec, cucaba al Izalco: "Apartáte de ay enano".

Momento Ila… Yo soy mitad sonsonateco, y no permitiré que se burlen de mi volcán. El Izalco es un cono perfecto de ceniza con un lindo pueblo del mismo nombre a sus pies. A mediados del siglo pasado, los marineros lo bautizaron como "Faro del Pacífico", pues su lava los invitaba a anclar y pasar un rato ameno en Acajutla. ¡Con razón hay tanto chelito en Sonsonate!

Como que al Increíble Ila le cayó la peseta, pues dejó de fregar, y pude hacer una pausa para llenar mis pulmones de oxígeno calibre 2,300 metros, y disfrutar un orgasmo visual de 360 grados. ¡Qué placer más singular!

Sin ayuda de largavistas, colgué una hamaca imaginaria entre la cadena volcánica del Pulgarcito. Reposé mi cabeza en el Ilamatepec de Santa Ana, mi espalda baja en el Boquerón de San Salvador, mis rodillas en las dos chiches del Chinchontepec de San Chente, y mis pies le hicieron cosquillitas a Don Chapa de San Miguel, para que no se le ocurra volverse a enojar.

Abajito de la tierra del pájaro y la nube, apenitas vi al lago de Ilopango asomar un ojo, seguro para coquetearle a su papazote, el santaneco Coatepeque.

El galán ni se mosqueaba y sus aguas, una mezcla perfecta de jade y oxidiana, estaban tan tranquilas que más bien parecían espejo de nacimiento.

Lo que no radiaba tanta paz, pues parecía pulsar, era la mezcla de azufre y turquesa, aposada en el fondo del majestuoso cráter de Ila. ¡Qué color más intenso! Igualito al collar favorito de mi mujer.

Mi mente se trasladó a julio de 1969, cuando el Canal 2 transmitió las primeras imágenes del Apollo 11 en la luna. Sin darme cuenta, presionaba mi suela en la ceniza para dejar una huella, tal si fuera el astronauta Neil Armstrong.

Tiempo de estirar el buche en busca de Acajutla, y dicho y hecho, hasta un par de barquitos en sus muelles divisé. La vista de postal, desde Sihuapilapa hasta el valle cocotero, provocó un poderoso "flashback" a mi niñez, jineteando mulas con la primada en sus potreros, tirándonos Tarzán style en sus pozas, enterrándonos en su negra arena, ordeñando vacas y haciéndonos bigotes con sorbete de chorro de La Salud.

¿Adivinen a quién casi toco al estirar mi brazo? Correcto, al enano… perdón, ¡al Faro del Pacífico! "Buenos días Izal. Es mucho más yuca llegar al cráter de Ila que al tuyo", le aseguré.

No se desanimen. También hay un medio Reto Ilamatepec, de 11 km., para que vivan, en carne propia, esta vista gloriosa a todo gato color. Sin duda les dolerán las patas, el resto de la semana, pero ¡sí que vale la pena!

De acuerdo santanecos, aquí en la cumbre es la capital del cielo, y lo mejor de todo es que para subir no hay que morir.

*Colaborador de El Diario de Hoy

calinalfaro@gmail.com