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El cantar de los gallos

Luego de cinco años de inusual utilización del poder de Casa Presidencial en contra de sus adversarios políticos –durante el primer gobierno del FMLN–, los ciudadanos agradecimos a partir de este primero de junio la calma que debería siempre mostrar quien ocupe el puesto de presidente de todos los salvadoreños. Si a ello agregamos el diálogo como propuesta para la consecución de acuerdos con las fuerzas vivas en materia económica, en seguridad pública, muchísimo mejor, ya que está claro que sin acuerdos básicos se volverá muy difícil que el país salga adelante, como deseamos la mayoría: con un El Salvador libre y próspero, a la búsqueda de recuperar tranquilidad.

El segundo gobierno del FMLN se encontró con severísimo problema de caja debido a que el primer gobierno del FMLN, muy bien financiado a puro empréstito internacional, al no haber controlado el gasto, derrochó recursos. Derrochó recursos pese a que le faltaba lo básico a la gente más pobre: camas y medicinas en los hospitales públicos, techo y pupitres en escuelas rurales. Se agudizó el problema de la inseguridad ciudadana. Cuando el nuevo gobierno optó en su discurso por la concertación sobre la confrontación, los salvadoreños respondimos ondeando el azul y blanco de nuestros colores patrios.

El problema de caja bien pudo haber servido para dejar atrás la política de parches de la administración anterior y haber puesto sobre la mesa solución definitiva al problema de las finanzas del Estado, con una política fiscal consensuada. Por ejemplo, aumentar un par de puntos al IVA (el que gasta más, paga más), en un múltiple acuerdo entre fuerzas políticas, pudo haberle resuelto el problema de liquidez de una vez por todas sin haberse convertido el nuevo impuesto en retranca para el crecimiento económico, que debería ser la prioridad a alcanzar. El gobierno, a cambio de lo anterior y como parte del acuerdo, se podría haber comprometido a controlar el gasto e ir saneando así las finanzas públicas.

Pero lejos de haber buscado la anterior hoja de ruta se volvió a las viejas andadas: con la vacación a las puertas, el cantar de los gallos y los votos de la coalición legislativa FMLN-GANA, paquetazo fiscal y acuerdo que parecería haber incluido la presidencia de la Corte de Cuentas. En otras palabras: más de lo mismo. Además de innecesario, ya que lo aprobado en el madrugón no resolverá ni a corto ni a mediano plazo la precariedad de las finanzas del Estado, significó dicha acción legislativa un revés hacia la credibilidad del nuevo gobierno hacia sectores de la vida nacional que aplaudían el discurso de diálogo recién iniciado. Y vaya que la credibilidad es algo vital.

Ya había un consenso previo al madrugón, de que lo que el país requiere es crecimiento económico. Con un par de puntos de crecimiento del PIB, mencionó un amigo no hace mucho, todos nos sentiríamos mejor. El Estado recaudaría más impuestos, las empresas se fortalecerían y podrían surgir nuevas oportunidades de trabajo que tanto requieren miles y miles de salvadoreños. Porque a diferencia de la visión de a quienes les gusta regalar pescado, soy de quienes piensan que mejor es enseñar a pescar, ya que como solía decir Aznar, "la mejor política social que existe es la de creación de puestos de trabajo".

A setenta y pico de días de estar en el gobierno, el segundo gobierno del FMLN se encuentra todavía en su período de luna de miel. Sus evaluaciones no iniciarán hasta los cien días, por lo que ojalá que lo sucedido en la plenaria del madrugón --vicio que supuestamente había quedado en el pasado-- no continúe repitiéndose ya que tal como sucede en una familia, no se le puede pedir a los hijos que hagan lo que se les dice, cuando lo que sus padres hacen difiere de lo que dicen. Mejor nos irá si buscamos el diálogo con sinceridad y acuerdos que por básicos que sean, coadyuven a sacar adelante a nuestro país de la durísima situación que nos encontramos sufriendo.

*Director Editorial de EL DIARIO DE HOY.