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El cáncer que mata a los países: La corrupción

Leía hace algunos días el reporte de la organización Transparencia Internacional (www.transparency.org) y su Índice de Percepción de la Corrupción 2014, en el cual vemos el pobre desempeño, en cuanto a percepción de corrupción se refiere, que tienen la mayoría de países en el mundo. De 175 países/territorios evaluados, únicamente 25 tienen una calificación de "aprobado", o sea una nota de 70 para arriba. Es lamentable observar que en el continente americano, el 68% de los países obtienen una nota menor a 50; en contraste, en la Unión Europea y Europa Occidental, solo el 16% de los países obtienen una nota menor a 50.

El resultado obtenido por El Salvador deja mucho qué desear: Ocupamos el 80º lugar (de 175) con una nota de 39 sobre 100; el mejor país en Centroamérica fue Costa Rica ocupando el 45º lugar y una nota de 54; el peor es Nicaragua ocupando el lugar 133 y una nota de 28. Alguien podría pensar "como todos sufrimos lo mismo (mal de muchos), no estamos tan mal (consuelo de tontos)": ¡Pensar así es actuar como derrotados! Resulta que hay 25 países que lo están haciendo muchísimo mejor que nosotros: entonces ¿por qué no imitar las buenas prácticas de Dinamarca, Canadá, Finlandia o Nueva Zelanda en vez de empecinarse en imitar practicas fracasadas como las de Venezuela y Cuba?

Términos como "Transparencia", "Rendición de Cuentas", los estamos oyendo mencionar con bastante frecuencia últimamente. ¿Pero sabemos qué significan? Primero que nada debemos aceptar que los países enfrentan una serie de desafíos (políticos, económicos y sociales) que los obligan a redefinirse y reconstruirse constantemente; en ese sentido, existe una preocupación por hacer la gestión pública más efectiva, en términos de resultados de políticas especificas, y más responsable, en relación con los ciudadanos. Personalmente prefiero el termino "Accountability" el cual, a diferencia de la "Rendición de Cuentas", se refiere a la capacidad de asegurar que los funcionarios rindan cuentas por su conducta, es decir, que estén obligados a justificar e informar sobre sus decisiones; esto implica un claro sentido de obligación, lo que quiere decir que no se trata de un acto voluntario de gobernantes que rinden cuentas por virtud e iniciativa propia.

El desafío que tenemos por delante es enorme: no solo es preciso generar mecanismos de acceso y una cultura de transparencia en las instituciones públicas sino también trabajar seriamente en un plan de educación a largo plazo. Los países que sobresalen con bajos índices de corrupción lo han hecho gracias a que existe una ciudadanía con la debida preparación académica la cual exige cuentas claras y al mismo tiempo aporta su conocimiento al servicio publico y privado, generando así empleo, conocimiento, productividad, mayor inversión, confianza. Todos los participantes: Gobierno, sector privado y sociedad civil conforman entonces un círculo virtuoso.

Volviendo al informe de Transparencia Internacional, intuimos que en todos los países, al menos a nivel de percepción (que muy probablemente no está lejos de la realidad), hay corruptores y corrompidos. ¿Son estos los dos únicos caminos para las sociedades, o existe también un tercer camino, el del bienestar común y la verdad, convirtiéndonos en agentes de cambio? ¿Cuál de estos caminos sigues tú?

*Colaborador de El Diario de Hoy.

@tonorodriguezu