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Cáncer de mama. Un silencio culpable

La Organzación Mundial de la Salud (OMS) sabía la causa de que el cáncer de mama haya aumentado en el mundo con carácter de grave epidemia. Lo sabía y guardó silencio. Tiene una lógica pero es una lógica criminal. Porque toda la ONU y muy especialmente su OMS se han dedicado y siguen dedicándose a promover con insistencia imperiosa la salud sexual y reproductiva, cuya realidad es todo lo contrario de lo que dicen esas palabras.

Se promovió desde la segunda mitad del siglo veinte, que los adolescentes tenían derecho al libertinaje sexual, sin frenos morales. Lo único necesario es que los varones usaran condón. Primer negocio. Pero había fallos en esa barrera y tuvo que mejorarse con los anticonceptivos hormonales. Segundo negocio. Pero los estudios sobre los efectos de esas píldoras no demostraron que impidiesen la ovulación y por lo tanto que se produjeran verdaderos embarazos. Pero en cambio se vio que sí eran efectivas como abortivos de los primeros quince días del embarazo. Entonces la OMS decretó, con toda frescura y contra toda evidencia científica, que la vida humana no aparecía con la formación del cigoto sino con la implantación del embrión en el endometrio materno. Lo que existía antes de esa implantación era…algunos acuñaron la palabra pre-embrión, pero no tuvo éxito, salvo el de risa o de cólera ante una mentira tan evidente.

Después los homosexuales varones introdujeron el Sida y el despreciado condón volvió en gloria y majestad, para combatir el Sida. Ahora… ¿volvía a ser seguro? Mientras tanto el libertinaje sexual ya había aumentado el número y la variedad de enfermedades venéreas, produciendo silenciosas esterilidades femeninas por las Clamidias, carcinomas malignos en los organos sexuales y en el recto y lo que es peor un creciente montón de vidas humanas desgraciadas buscando una imposible felicidad en las drogas o la evasión de tanto fracaso vital, en el suicidio. Y esos suicidios eran en jóvenes y de edades cada vez más tempranas.

El cáncer de mama, consecuencia de abortos provocados o del persistente uso de esos falsos anticonceptivos hormonales, es un "regalito" más de esa hipócrita salud sexual y reproductiva.

Si la ONU y sus organizaciones especializadas, principalmente la OMS y la UNICEF, se dedicaran verdaderamente a cuidar de la salud humana, deberían haber hecho, hace años, una campaña de verdades sobre el libertinaje sexual y sus nefastas consecuencias, como lo hicieron contra el tabaco y el cáncer de pulmón. Pero eso sería ir contra sus propios intereses ideológicos y económicos.

Las presiones económicas para el silencio o la negación sobre la relación de abortos provocados y cáncer de mama comprometen incluso a investigadores. Así, increíblemente, la Dra. Louise Brinton de la División de Epidemiología del Cáncer y Genética del National Cancer Institute en un panel en 2003 desechó los resultados de estas investigaciones (incluyendo la suya), alegando que las mujeres estudiadas no "recordaban bien" las cosas. Años mas tarde, en 2009, Brinto admitió una relación hasta de un 40%, pero decenas de otros estudios han establecido nexos entre el aborto y el cáncer de seno, variando entre el doble de riesgos en adolescentes hasta un riego incalculablemente alto de cáncer de seno en mujeres que se han sometido a un aborto antes de los 18 años o si se empieza a tomar píldoras antes de los 18 años y se mantienen por más de ocho años. Así, en España, como en otros países estudiados, ese aumento se ha producido sólo en mujeres de edad premenopáusica, llegando a edades tan tempranas como los 35 años. Ese grupo de edad de 35 a 45 años ha producido, en España, el 33% de aumento de incidencia de cáncer de mama en los últimos lustros. Y el aumento de riesgo puede llegar, en muchos casos, al 600% (en casos de más de un aborto) o incluso al de riesgo infinito.

Pero el silencio de los principales culpables seguirá. Viven de ello.

*Dr. en Medicina.

Columnista de El Diario de Hoy.

luchofcuervo@gmail.com